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¿Y el PRI apá? / Por Misraim Olea Echeverría. La entreveración generacional es necesaria, escuchar a los de arriba, los de arriba escuchar a los de abajo y los de abajo escuchar a los lados; escuchar a todos y todas.

En marzo, el PRI cumplió 92 años de haber sido fundando. Primero, con Plutarco Elías Calles, como Partido Nacional Revolucionario en 1929; luego por iniciativa de Lázaro Cárdenas pasa a ser Partido de la Revolución Mexicana y finalmente a Partido Revolucionario Institucional, de la Mano de Miguel Alemán.

La vida institucionalizada del país comienza en 1917, con las reformas a la constitución del 57 que dieron vida a la Carta Magna impulsada por Venustiano Carranza. El PNR surge en esta etapa de construcción del país, luego de la muerte de Álvaro Obregón, momento en el que era necesaria una institución que distribuyera el poder a través de la política y ya no de las armas.

El Partido Nacional Revolucionario fue fundado por quienes ostentaban el poder en los estados; terratenientes, grandes potentados y muchos de ellos ex revolucionarios que organizaron sus regiones y hacían cumplir la ley. Calles a la cabeza, organizó toda esa fuerza en una sola institución.

Lázaro Cárdenas, influido por la Unión Soviética y con la fuerza para desmantelar el Maximato, en 1938 cambia el nombre del partido a “de la Revolución Mexicana”; ahora corporativista, fortalecido por los sectores obreros y campesinos el PRM se convierte en una maquinaria electoral capaz de ganar de manera legítima las elecciones.

En 1946, con Miguel Alemán, la cosmovisión revolucionaria cambió y con ello el nombre del partido. Al triunfar los aliados en la Segunda Guerra Mundial había que tomar un bando en la nueva división del mundo. El PRM pasó a institucionalizar los logros de la revolución y con eso el PRI logró mantener su espíritu pero apegado a los nuevos tiempos, lejos de la URSS.

Para pasar de PNR a PRI pasaron 17 años, tiempo en el que el Partido se ajustó a los tiempos, adecuó su forma de organizarse y se adaptó. Desde el último cambio en 1946 a la fecha han pasado 75 años. Ni el 68, ni el 71, ni siquiera el 88 ha obligado al Partido a cambiar.

Hace casi 10 años escuché por primera vez que el Partido tendría que cambiar, hacia dónde y cómo, son las preguntas que hasta la fecha nos hacemos.

¿Puede un partido nacido en el poder hacerse un movimiento? ¿Puede una militancia institucional, políticamente correcta, con una cultura política que se hereda de generación en generación adaptarse al cambio?

Las expresiones que se ha visto por parte de la militancia en el PRI Guerrero son resultado de una fractura que es consecuencia de los resultados de 2018, si bien en 2021 no perdió todo el PRI, sí se antoja un cambio de timón que integre a las y los priístas.

La entreveración generacional es necesaria, escuchar a los de arriba, los de arriba escuchar a los de abajo y los de abajo escuchar a los lados; escuchar a todos y todas.

En el priismo se debe entender el contexto del país y del estado, más allá del priismo mismo; entender las razones de las derrotas y las motivaciones de los electores; reconocer los errores; permitir a la militancia apoyar las causas por estridentes que sean, defenderlas y sobre todo apoyarlas.

El PRI del siglo XXI tiene que estar en el siglo 21.

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