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Una sana convivencia / Por Pedro Kuri Pheres

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La reapertura parcial de la actividad turística en Acapulco es oxígeno valioso para una economía asfixiada desde hace casi cuatro meses por la pandemia, aunque el respiro conlleve un riesgo sanitario.

Esa es la única certeza patente entre indicadores imprecisos sobre el comportamiento de contagios y defunciones a consecuencia del Covid-19, y un semáforo de riesgo sanitario que parece funcionar bajo algoritmos políticos.

Conforme pasan las semanas, las estadísticas de la Secretaría de Salud del gobierno federal evidencian un aumento sostenido diario de la propagación del virus, así como del número de víctimas, sin ningún asomo de contención de la enfermedad que nos encamine hacia el desconfinamiento.

En Guerrero, por ejemplo, ya suman más de mil personas muertas por Covid y el número de contagios acumulados hasta el 10 de julio estaba rozando los 7 mil casos.

La ocupación de camas Covid, en contraste, se mantiene relativamente estable, pero es atribuible a la ampliación de espacios de atención médica y no a un descenso en la incidencia de la enfermedad.

Lo más preocupante es el incremento incesante de casos activos desde la mitad de esta semana porque se trata de las personas portadoras del virus que pueden seguir extendiendo el contagio. De acuerdo con la Secretaría de Salud estatal, había 953 casos hasta este viernes en toda la entidad.

Y así, bajo esa tendencia en Guerrero y el país, han transcurrido los últimos cuatro meses desde que se declaró emergencia sanitaria nacional por los primeros brotes del nuevo coronavirus, y el panorama sobre la pandemia, al menos en su incidencia, se antoja interminable.

Esa es la auténtica “nueva normalidad” que omiten reconocer autoridades federales y estatales porque no es posible desterrar un padecimiento cuya cura es inexistente hasta ahora y sus paliativos son tan diversos como los verdaderos daños que causa el SARS COV 2 al organismo humano.

Sin embargo, a esa realidad, por cruda que se manifieste, es a la que debemos adaptarnos como sociedad, con las medidas ya sabidas para prevenir contagios y no detener el desarrollo económico y social, so pena de la devastación que generaría un nuevo encierro y la paralización de las actividades.

El riesgo estará presente por largo tiempo y es menester que empresas, oficinas del sector público y privado, escuelas, centros comerciales, mercados, parques y demás espacios de confluencia, diseñen nuevas formas de trabajo, atención y servicio conforme a los protocolos sanitarios recomendados para evitar, en lo posible, ser víctima de contagio.

Desgraciadamente, el virus estará presente por mucho tiempo entre nosotros -incluso en el aire que respiramos, según estudios analizados por la Organización Mundial de la Salud- y el confinamiento no lo detendrá ante la velocidad de transmisión que ha alcanzado, al menos en México.

Valorar un eventual regreso al encierro, por ende, sería contraproducente y suicida en un escenario donde la pérdida de empleos ha impactado a más de 1 millón 30 mil familias mexicanas y la economía nacional sufre una contracción que advierte uno de los peores niveles del Producto Interno Bruto en los últimos años.

El extremo cuidado y las medidas preventivas sanitarias serán, en adelante, parte de los requisitos para las actividades laborales y la convivencia social, mientras el Covid-19 sea convidado indeseable de nuestro entorno.

Pedro Kuri Pheres en Facebook

@pedrokuripheres en Twitter

acapulco.ok@gmail.com

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