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Una jalada motorizada / Por Pedro Kuri Pheres

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El mero planteamiento expreso de sustituir caballos de calandrias por cuatrimotos ya sonaba un tanto descabellado. En los hechos, fue mucho peor.
El jueves pasado, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales del estado (Semaren) y la Dirección de Ecología de Acapulco presentaron la primera prueba de una calandria arrastrada por una cuatrimoto, medida con que autoridades pretenden dar cumplimiento, seis años después de su aprobación, a la Ley de Bienestar Animal del Estado que obliga el retiro de los caballos.
Sin embargo, este paseo con casi 70 años de tradición se ubica en riesgo real de desaparecer, y con ello los ingresos económicos para unas 350 familias, si la propuesta de introducir cuatrimotos se implanta tal cual.
El paseo muestra sin caballo confirmó lo advertido ya en este espacio hace un par de semanas: los carruajes motorizados, de por sí descuidados por falta de mantenimiento, no resultan nada atractivos al turista que desea disfrutar de un paseo único.
Las cuatrimotos asemejan, más bien, los paseos en playa por las zonas de Barra Vieja, Bonfil o Revolcadero, amén de la contaminación auditiva y visual sobre una Costera Miguel Alemán sobresaturada de vehículos y transporte público.
La sustitución de caballos está pensada exclusivamente en hacer valer una ley ambiental, por presiones de organizaciones y activistas ambientales, pero no considera el impacto en la imagen turística de Acapulco ni el daño que esto pueda causar ante la escasez de atractivos novedosos que refresquen el panorama de la principal avenida del puerto, plagada de contrastes por negocios cerrados, deficiencias en alumbrado público, semáforos sin funcionar y fugas de drenaje y agua.
El cambio generacional en la imagen de las calandrias es necesario, si no urgente, y esta amerita una inversión sustancial bajo un esquema en que los calandrieros puedan gozar de una concesión o, por qué no, adquirir la propiedad de los vehículos que sustituyan a los actuales carruajes.
Aquí referimos algunos modelos a seguir, como el aplicado en Guadalajara con carruajes eléctricos vistosos, acordes al paisaje colonial de su centro histórico, que no contaminan ni representan un gasto como el que implica alimentar y cuidar a caballos.
Las cuatrimotos, además de contaminantes, deben ser sometidas a mantenimiento mecánico continuo por la carga de trabajo, aunado al consumo de gasolina.
Las decisiones a la ligera tienen consecuencias casi inmediatas que, más allá de resolver una situación postergada por la característica indiferencia y omisión de las autoridades locales, provocará pérdidas económicas y de tiempo cuando el daño ya esté infligido.

Pedro Kuri Pheres en Facebook
@pedrokuripheres en Twitter
acapulco.ok@gmail.com

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