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Un piso muy disparejo / Por Pedro Kuri Pheres

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La aplicación de la ley para hacer valer restricciones por la emergencia sanitaria en Guerrero es desigual, parcial y hasta ridículamente absurda.

Aquí se aplica persecución cuasi criminal contra la actividad turística y empresarial, pero se omite proceder con determinación en los verdaderos focos de contagio del Covid-19, a sabiendas de los costos políticos implícitos. Y en la antesala de la elección de gobernador, alcaldes y diputados, nadie quiere correr el riesgo de concitar el descontento popular y sufrir un voto de castigo en las urnas.

En ciudades como La Paz, Baja California, la actividad turística no ha tocado fondo y dista de una crisis porque sus autoridades y empresarios, de forma coordinada, implementaron medidas adecuadas para permitir el funcionamiento de hoteles, restaurantes, bares y todos los negocios inherentes, sin afectar a sus propietarios ni poner en riesgo a la clientela. Sus índices de ocupación en esta pandemia han rozado sin descensos el 50 por ciento y no aparece entre los destinos nacionales de alto riesgo de contagio del nuevo coronavirus.

Acapulco, en cambio, es la antítesis de ese modelo. Aquí se implementan acciones inflexibles que buscan castigar a la iniciativa privada, generadora de empleos e ingresos, en lugar de propiciar una actividad económica responsable. También se busca frenar la propagación del virus censurando la movilidad nocturna y aplicando medidas ineficaces en el sentido estricto de la prevención.

Un ejemplo del descontrol oficial son los mercados. La sana distancia, la reducción del aforo y el uso de cubrebocas y gel antibacterial son medidas desconocidas en esos centros de abasto que operan diariamente sin vigilancia. El transporte público, con taxis colectivo y camiones urbanos al borde de su capacidad, es otra evidencia de la falta de autoridad en esta emergencia sanitaria.

Sin embargo, las autoridades están descuidando la actividad electoral como una nueva vertiente incontenible de contagios. Desde julio pasado, cuando se implementó por primera vez el semáforo naranja, actores políticos en busca de un cargo de elección popular iniciaron actos públicos de entrega de apoyos en canchas y colonias sin ningún apercibimiento ni sanción por promover concentraciones.

Con el proceso electoral en forma, también se han convocado reuniones en espacios cerrados con una capacidad mayor a la permitida y la ley no se ha extendido a sus organizadores. Aunque los aspirantes a las diversas candidaturas en juego deberán acercarse a la población para buscar el voto y será inevitable la celebración de mítines, no existe ninguna disposición oficial de la Secretaría de Salud ni de los órganos electorales que restrinjan, hasta ahora, cualquier evento que implique aglomeraciones. Las campañas políticas serán, con plena certeza, la nueva fuente de generación de casos positivos de Covid-19.

Acercándonos al cierre de este 2020, en tanto, las medidas preventivas para “salvar” la temporada vacacional de diciembre siguen endureciéndose sin tregua hacia restaurantes y bares, principalmente, cuando los resquicios de riesgo siguen abriéndose en otros frentes, como el ya referido, gracias a la indolencia de las autoridades.

A ese ritmo tan sesgado, la única curva que logrará ir a la baja con éxito será la económica.

Pedro Kuri Pheres en Facebook

@pedrokuripheres en Twitter

acapulco.ok@gmail.com

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