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Todos somos ellas / Por: Daniel Hernández

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Es mucho lo que he visto, leído y escuchado estos últimos años con respecto a la indignación que como sociedad nos causa los acontecimientos de violencia que han afectado a las mujeres de nuestro municipio, de nuestro estado, en México entero. En días recientes me he encontrado con palabras, expresiones, noticias que duelen, como humano, pero aún más como hijo, hermano, compañero, amigo, vecino, como hombre.

Procuro en mis participaciones en este medio anteponer los razonamientos a los sentimientos, con el fin de ofrecer a quienes me leen un material para reflexionar acerca del tema que propongo. En esta ocasión me es complicado mantener esa línea, de verdad lo intenté mientras la idea surgía, pero deje de intentarlo cuando recordé a las mujeres que forman y han formado parte de mi vida, no solamente a ellas, sino a todas. Madres, hijas, hermanas, abuelas, tías, parejas, compañeras, amigas, maestras, doctoras, arquitectas, profesionistas, artesanas, empresarias, artistas, cualquiera que sea su parentesco, conexión, trabajo, profesión, raza, religión, etnia o posición social, usted que me lee, ¿se imagina cómo es que se le podría hacer daño a alguna de ellas?.

Hay quienes lo han hecho, a veces en más de una ocasión, de diferentes maneras de acuerdo al violentómetro, en algunas ocasiones, por una u otra razón, se va escalando de nivel hasta llegar a un desenlace fatal, siendo el nivel mínimo, que son las bromas hirientes, también una acción violenta. Quienes le hacen daño a una mujer, a cualquier ser humano en general, pero sobre todo a una mujer no solamente se lo hace a ella sino a todos.

La misoginia, la violencia, el machismo son sin duda los alicientes para que se haya llegado a los casos que nos han causado indignación y otros sentimientos negativos los últimos días, sin duda todas las autoridades de todos los órdenes de gobierno, sin importar filiación política o ideología, deben trabajar para que los ciudadanos, sobre todo las ciudadanas, se sientan seguras, y no solamente las autoridades, también los mexicanos, los guerrerenses y los acapulqueños, la sociedad en su conjunto, debemos colaborar, sin importar la manera en que lo hagamos, para desterrar de raíz las actitudes, acciones, pensamientos y emociones nocivas y que van contra las mujeres y su integridad en todos los aspectos.

Hoy en día en nuestra sociedad se vive con una preocupación constante de familiares y amigos, de que las mujeres que forman parte de nuestras vidas sean víctimas de un acto de violencia, que la despedida, el mensaje, la llamada, las palabras o la sonrisa, sean los últimos. Esa zozobra sin duda desgasta a una sociedad, pero mucho más a las mujeres. Ellas que deberían salir de casa, caminar por las calles, abordar el transporte público o su auto, detenerse en un semáforo, entrenar en el gimnasio, pasear en el parque, desempeñarse en su trabajo o profesión, comprar en cualquier negocio, llegar a su hogar y sentarse a la mesa e incluso irse a dormir a la cama, con completa y absoluta tranquilidad de que están bien, de que estarán bien, de que todos las respetamos, de que todos somos ellas.

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