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Solidaridad y sensibilidad / Por: Daniel Hernández 

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Camina por una de las avenidas más importantes del puerto de Acapulco, suele ser muy puntual aunque su andar es lento, a pausas, se le nota cansado, recorre los locales comerciales ofreciendo su servicio a diario, llevar la basura de sus clientes al contenedor más cercano, en últimos días el trabajo ha aumentado, para inconformidad de algunos y para fortuna de él, por ende su andar se vuelve aún más lento y más pausado, el “diablito” que utiliza lleva más carga, pero sigue avanzando, de repente, y muy a su pesar, tiene que hacer una pausa involuntaria, la rampa para discapacitados en la banqueta que utiliza para cruzar la calle está obstruida, es un vehículo al parecer último modelo, se puede entender que sus ocupantes tienen conocimiento de la importancia de esa rampa, pero se permitieron bajar un ratito a comprar, esa medida de tiempo termina bloqueando, y complicando, la esperanza de alguien para llegar a su destino.

“No creo que pase nada” o “no es para tanto”, frases que sirven para encontrar una justificación a una acción que tenemos claro como sociedad no deberíamos llevar a cabo. Haga la prueba, increpe a quien o quiénes ocupen un lugar asignado para discapacitados o preferencial para personas con necesidades especiales, es una respuesta que por lo general va con un remate; “¿qué te importa”, y de repente la mayoría de quienes se dan cuenta prefieren omitir la observación de que una acción podría estar afectando a alguien que necesita de un lugar, un espacio o una consideración que le sirva de ayuda.

No voy a generalizar, pero en gran parte a nuestra sociedad le hace falta solidaridad con las personas que viven una situación de discapacidad, o capacidad diferente, de cualquier índole, sin duda los esfuerzos  de las autoridades de todos los niveles, asociaciones civiles, medios de comunicación y ciudadanos en general han logrado ir permeando la conciencia de algunos de nosotros, pero estos esfuerzos deben ir acompañados de acciones que reflejen que vamos entendiendo la importancia de valorar el apoyo que se debe brindar a nuestros vecinos, familiares, paisanos que lo requieren.

Hay países en los que un “ratito” ocupando un lugar designado para quienes tienen una necesidad específica se convierte en una sanción. En redes sociales hemos visto a colectivos ciudadanos y a asociaciones civiles llevar a cabo acciones que buscan despertar la conciencia de que se ha hecho algo mal, parece que son medidas necesarias ante la insensibilidad que algunas personas muestran en el tema, aunque considero que deberíamos trabajar para llegar a no tener que hacerlo, recordando que a veces la discapacidad más difícil de atender es la del corazón.

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