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Foto: El Informador

.Si esa empresa es sustentable y genera ganancias, entonces es momento de replicar el modelo en otro problema y buscar la solución.

Con esa premisa, un grupo de jóvenes inició hace dos años Social Valley, una comunidad de personas interesadas en utilizar las herramientas de las ciencias económico administrativas para crear negocios que resolvieran los problemas de la sociedad bajo un esquema de sustentabilidad y compromiso social. Esta comunidad empieza a rendir frutos y lo que busca es comunicar el impacto de su trabajo.

Cristina Yoshida Fernándes, Diego del Moral Espinosa, Francisco Franco Gabriel y María José Palomo Oetling trabajan desde diferentes trincheras para buscar que más personas vinculen su idea de hacer negocio a la idea de resolver un conflicto social.

Yoshida Fernándes, funcionaria del Gobierno del Estado, admite que muchas personas todavía desconocen el concepto porque se piensa que los empresarios “sólo hacen filantropía y ayudan desde la culpa, cuando ellos también juegan un rol importante. El emprendimiento social es el encuentro de dos mundos: los activistas que buscan generar una solución con las herramientas metodológicas de los empresarios”.

Para muestra un botón: en el mes de febrero se reunieron para hablar de cómo las empresas pueden generar una cultura de paz que abone a bajar los índices de violencia en la ciudad y cualquier relación humana.

El propósito es reunir a fondeadores e inversionistas con los emprendedores, y a eso se le llama networking. Producto de estas relaciones se generan proyectos que son cuidados por Social Valley: empresarios, áreas de Gobierno y universidades.

Este próximo jueves 19 de marzo la reunión será en Coparmex (Avenida Chapultepec y López Cotilla), y se hablará de cómo los emprendedores pueden fondear sus proyectos.

Habrá una charla central, se expondrán seis casos prácticos y habrá espacio para “networking”.

La entrada cuesta 50 pesos, y el dinero recaudado funciona como fondeo del mejor caso práctico elegido por el público.

Al término de tres meses, el exponente rinde cuentas de cómo utilizó ese dinero para mejorar su proyecto de emprendimiento.

De El Informador 

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