Inicio Entrevista Sin luz no hay internet, sin internet no hay virtualidad. #

Sin luz no hay internet, sin internet no hay virtualidad. #

27 minuto leer
0
328
«Yo hago las tareas porque mi maestra me las manda por el teléfono. Y aquí mami me ayuda, pero no es igual porque la maestra sabe más. También quisiera estar con mis compañeros. Allá la maestra me explicaba mejor. Me hubiese gustado terminar las clases, porque iba para tercero”, cuenta Beatriz, una niña de 8 años que vive en el municipio San Francisco, al sur de Maracaibo, en el estado Zulia. Como en su casa la luz se va todas las mañanas, su mamá se enteró un mes tarde del programa estatal de televisión que se transmite a esas horas. Su señal de televisión tampoco funciona bien cuando hay luz.
Beatriz, estudiante de 8 años de Venezuela, cuenta cómo ha sido su experiencia con la cuarentena y los efectos que ha tenido en sus estudios.

“Conozco casos de niños que estudian en colegios públicos que no están viendo el programa de televisión por los reiterados y largos apagones —asegura Luisa Pernalete, coordinadora de Educación para la Paz en la red de escuelas Fe y Alegría, desde hace 46 años—. Maracaibo, Barquisimeto, Mérida, San Cristóbal e incluso Caracas tienen constantes fallas de electricidad, y pueden pasar 6, 7 y 8 horas sin luz. La precariedad del país se puede equiparar a los más pobres, como Haití y Honduras. Ya teníamos una emergencia sanitaria compleja, y ahora tenemos una crisis sobre otra, una emergencia sobre otra. Esto, lo que ha hecho es agravar lo que sucedía antes de la cuarentena. Por eso, me cuesta pensar que sea un éxito este año escolar con este trimestre a distancia”.

En la región, otros países viven una situación similar, señala Elena García, especialista en temas de integración de las TIC en procesos educativos y coordinadora de Virtual Educa, programa de la Organización de Estados Americanos. “Tenemos muchos chicos en América Latina que viven en situaciones de pobreza casi extrema. Sin los recursos básicos, sin servicios de agua potable ni electricidad, por supuesto, no pueden acceder a clases dadas ni por radio, ni por televisión, ni a través de un medio digital. Si no hay electricidad en un sitio, es muy difícil llegar a ellos”.

Tal es el caso de Venezuela, donde el Observatorio Nacional de Servicios Públicos local publicaba en junio de 2019 que solo 75 por ciento de la población tenía acceso continuo a electricidad, y 54 por ciento de los consultados informaba de apagones varias veces al día todos los días, una situación que se ha agravado en el último año. Este estudio contrasta con el acceso del 100 por ciento que reporta el gobierno de este país al Banco Mundial, y con la media de acceso a electricidad en América Latina, que es del 98 por ciento.

A esto se suma que la carencia de servicios también entorpece el desempeño de los maestros. Fausto Romeo, presidente de la Asociación de Institutos Educativos Privados de Venezuela, afirma: “La falta de luz hace que nuestros docentes tengan que esperar que llegue la electricidad para cargar la batería del celular y poder comunicarse con sus alumnos”.

Alejandro, de 5 años, relata cómo ha sido el impacto de la covid-19 en Perú y cómo han cambiado sus clases con la pandemia.

Esa baja cobertura en los servicios públicos esenciales es apenas uno de los factores adversos. La efectividad de los programas gubernamentales de educación a distancia está ligada a la conectividad y al acceso a las plataformas tradicionales. Es así como, desde el cierre de las escuelas, la brecha digital, que se define a partir del acceso a banda ancha fija, a dispositivos tecnológicos y los conocimientos para usarlos, exacerba la desigualdad en América Latina y el Caribe.

En la región, 39 por ciento de los hogares no tienen acceso a internet, de acuerdo con un informe del Monitor Global de Educación de la Unesco, publicado en mayo del 2020. El estudio, que solo consideró a los países que decretaron el cierre nacional de sus escuelas, advierte sobre la gravedad de que más de un tercio de los estudiantes matriculados no puedan tener acceso a la educación virtual, debido a que más del 60 por ciento de las alternativas nacionales de aprendizaje a distancia (de todo el mundo) dependen exclusivamente de plataformas en línea. “Estos estudiantes, la mayoría de las veces de hogares rurales o de bajos ingresos, están excluidos de facto de las alternativas nacionales de aprendizaje en línea durante los períodos de confinamiento”, señala la publicación.

En América Latina y el Caribe, de acuerdo con cálculos propios basados en mediciones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, la suscripción de banda ancha fija es de alrededor del 14 por ciento. La media del acceso a computadores es del 35 por ciento.

La situación es tan grave en las escuelas como en los hogares. Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, sobre los efectos económicos y sociales de la covid-19, afirma que las instituciones educativas carecen de la infraestructura de tecnologías digitales necesaria, y esto acarrea que los procesos de enseñanza y aprendizaje a distancia no estén garantizados o sean más lentos.

Sofía, una niña colombiana de 6 años, habitante de un municipio turístico en el centro del país, está contenta quedándose en la casa: “Juego mucho, dibujo la luna, las estrellas y las casas para la clase de Sociales y estudio a cualquier hora”. Como en el pueblo muchos niños no tienen internet y la mayoría de los profesores no estaban preparados para manejar la tecnología, no hay instrucción mediada por la tecnología. A cambio, cada 15 días recibe las guías de lo que debe hacer en cada asignatura. “Ella debe estudiar tres materias por día. En la escuela le descargan las guías en una tableta que me prestó el rector del colegio donde soy profesora de bachillerato, hace las tareas en el cuaderno, les tomamos una foto y las devolvemos”, cuenta Rosa, su abuela.

    
Emily Sofía Bernal, de 6 años, retrata su vida escolar antes y después del cierre de escuelas en Colombia. Refleja lo importante que eran su colegio y sus amigos.

La maestra relata que la situación es igual en primaria y bachillerato: “A los que tienen celular, les mandamos las tareas por ahí. A los demás hay que darles guías impresas que los papás recogen en el colegio, o si están en las veredas, se las enviamos en los camiones que recogen la leche o con policías patrulleros. Las únicas clases virtuales las da el profesor de matemáticas, que es ingeniero, pero son para unos pocos alumnos que pueden conectarse a una plataforma digital; a los demás, les manda las guías”.

Sofía tiene suerte: como la abuela es amiga de una de sus profesoras, a veces docente y alumna hablan por teléfono, aunque no se ha visto desde que comenzó la cuarentena. No ocurre igual con muchos compañeritos que en cuatro meses no han tenido contacto directo con sus educadores.

La brecha digital es crítica

Diana Hincapié, economista de la División de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), tiene una explicación para situaciones como la descrita: “La conectividad en la región es muy baja, especialmente para los estudiantes más vulnerables. La interacción con la escuela ha sido en algunos casos imposible. Apenas el 40 por ciento de las escuelas primarias tiene acceso a internet. Y las diferencias son muy altas en comparación con zonas rurales, donde puede ser del 20 por ciento, en contraste con urbanas, que pueden alcanzar el 60 por ciento. La situación es aún más crítica en los hogares”.

Cuba es un ejemplo de esto. De acuerdo con Freedom House, una organización civil dedicada a la defensa de la democracia y los derechos humanos, hasta diciembre de 2019, solo 67.000 hogares tenían conexiones legales a internet. Según datos de la UIT, este grupo representa solo el 28 por ciento. En el país, el acceso público a este servicio fue aprobado apenas en 2013.

La economista explica también que, al reanudar las clases, la falta de conectividad a internet que padecen el 39 por ciento de los hogares latinoamericanos, las diferencias de oportunidades de acceso a computadoras y la poca estimulación en los hogares de niños vulnerables darán origen a grupos escolares con condiciones académicas y emocionales muy variadas. “Lo más triste es que vamos a ver unas brechas que se van a agrandar. No sabemos cuál va a ser la magnitud (de la brecha), pero sabemos que aumentará”.

“Para mí el covid-19 es una enfermedad que ha matado a muchas personas, y produce mucha tos, mucha fiebre. Y lo recomendable es quedarnos en casa para no seguir contagiándonos”.

Ángeles Marian Castillo, 7 años, Chaguanas, Trinidad y Tobago.

Un factor que podría favorecer las clases no presenciales en América Latina y el Caribe es el acceso a teléfonos móviles, que supera el 85 por ciento. No obstante, el entorno del niño, vital en la efectividad de la educación remota, es otro aspecto que juega en contra en la región, señala Elena García, especialista de Virtual Educa. “Imaginemos a un chico que tiene un dispositivo y una conectividad razonable, vive con su familia y tiene una habitación individual, y comparémoslo con uno que tiene la misma computadora, el mismo tipo de conectividad, pero su contexto es una habitación muy sencilla que comparte con sus papás y tres hermanos. Evidentemente, el entorno no es el mismo, y ese entorno es fundamental para que se puedan dar situaciones de aprendizaje —explica—. La brecha de habilidades digitales se puede resolver rápidamente, con una política organizada, pensada y planificada. El problema es el contexto donde viven los chicos”.

Autorretrato de Leonor Ascencio, una estudiante de 10 años en Antofagasta, Chile

Echando mano de la radio y la TV

En marzo de 2020, cuando se inició el cierre de escuelas por la pandemia, Bernt Aasen, director Regional de Unicef para América Latina y el Caribe, advertía sobre los riesgos que representaba para la niñez la interrupción de clases, e invitaba al uso de otras herramientas no digitales para paliar la desconexión. “Si el cierre de la escuela se extiende aún más, existe un gran riesgo de que los niños se retrasen en su aprendizaje y tememos que los estudiantes más vulnerables nunca regresen a la escuela. Es vital que no dejen de aprender desde casa. Para continuar su educación en el hogar, se deberán utilizar todas las herramientas y canales disponibles, ya sea por radio, televisión, internet o teléfonos celulares. Solo podremos enfrentar este desafío a través de un esfuerzo conjunto de los gobiernos, el sector privado, padres e hijos”.

Países como Perú, conscientes de esta situación, han hecho uso de medios tradicionales para mejorar el alcance de la educación remota de emergencia. Allí, según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, solo 29,8 por ciento de los hogares tienen acceso a internet, uno de los porcentajes más bajos de la región. Por debajo están Cuba con 28,2 por ciento; Paraguay con 24,4 por ciento, El Salvador, con el 17,1 por ciento, Bolivia con 16,2 por ciento y Haití con apenas el 7 por ciento.

Para contrarrestar la falta de conectividad, el gobierno peruano puso en marcha el programa Aprendo en Casa, que ha sido evaluado positivamente en publicaciones del Blog Mundial de Educación de la Unesco. Este es un proyecto de enseñanza no presencial creado por el Ministerio de Educación local, que cuenta con la cooperación de organizaciones privadas y organismos multilaterales. Para la transmisión de contenidos tiene el apoyo de las empresas de radio y televisión nacional y las compañías de telecomunicaciones (para eximir el consumo de datos móviles). Su objetivo es cubrir el currículo escolar integrando aspectos socioemocionales de la educación.

Ashley tiene 10 años y vive en Lima. Para ella, aunque las clases digitales y por televisión son útiles, echa de menos el salón de clases. “Aprendo más a través de la pantalla, pero no me gusta que no puedo ver a mis amigos. Extraño comunicarnos en persona”.

La estructura de la iniciativa peruana contrasta con la planificación de otros programas de naturaleza similar en Latinoamérica, como Colombia. Julián de Zubiría, pedagogo e investigador colombiano, hacía en mayo de 2020 un balance negativo del alcance de la programación por televisión diseñada por el Ministerio de Educación. “Los niños no pudieron pasar a la virtualidad. Se podría hacer muy buena televisión si se consultara a los expertos y los profesores de las diversas áreas y ciclos. La actual televisión educativa fue diseñada con muy poco criterio pedagógico. Fue decidida por funcionarios públicos que no conocen a los niños y jóvenes actuales”.

Sobre esto, la ministra de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Karen Abudinen, aseguraba el 30 de junio al medio colombiano El Tiempo, que estos programas televisivos sí recibieron el apoyo de especialistas en educación. “Pensando en las familias que aún no cuentan con conectividad y únicamente tienen acceso a la televisión, desde el 18 de marzo de 2020, el Sistema de Medios Públicos y el Mintic, en articulación con el Ministerio de Educación Nacional, pusimos al aire el programa Profe en tu Casa, que con asesoría pedagógica especializada utiliza estrategias para explicar a los niños temas relevantes de su interés, y contribuye a que puedan disfrutar una hora de actividades relacionadas con el desarrollo de competencias básicas, ciudadanas y socioemocionales. Además, desde el lunes 4 de mayo, y de manera gradual, se emite Mi Señal, una franja de contenidos educativos para apoyar de manera integral el aprendizaje de los niños y las niñas en casa”.

No hay duda de que la televisión y la radio son una opción para mitigar el impacto del cierre de las clases presenciales. Pero también es un hueco adicional en la brecha de la desigualdad porque los niños que tienen que basar en ellas su aprendizaje no están desarrollando sus habilidades digitales, tan necesarias en el mundo actual. 

Tomado de Conectas
Cargue Artículos Más Relacionados
Cargue Más Por Editor
Cargue Más En Entrevista
Comentarios cerrados

Mira además

Norovirus amenaza China, ha esta presente en otras partes del mundo

Una persona infectada puede distribuir millones de partículas, y bastan unas pocas de esta…