La emergencia y luego crisis sanitaria mundial, nos obligó como ciudadanos a rescatar los valores de solidaridad y unidad, y a los gobiernos a ser creativos, comunicar más y a ajustar la distribución del presupuesto para atender el problema y cumplir su principal función: servir.

En México, la ausencia de una clara estrategia de servicio a los ciudadanos se efectuó desde lo local. Los gobiernos estatales llenaron el vació que la Federación dejó tras limitarse a dirigir la crisis con conferencias de prensa de las autoridades de salud.

Guerrero, estado de vocación turística, recibió el embate ante Covid19 de manera inmediata. Sin vuelos, hoteles vacíos, calles semi desiertas. Los principales municipios muy limitados en su capacidad para afrontar el problema. Quedaba una esperanza, el gobierno de Guerrero.

Astudillo, su gobernador, coloca al estado con 19 mil 532 casos confirmados acumulados y mil 965 defunciones, a partir del primer confinamiento y llega a su Quinto Informe siendo el décimo en el ranking de Mitofsky y de los gobernadores mejor evaluados con el 52.9 % que la población en Guerrero aprueba las acciones en especial las que hacen frente al Covid19, de acuerdo a mediciones de medios de comunicación nacionales y décimo

La esperanza se centró en concientizar a la población, instalar filtros sanitarios, reducir movilidad, adecuar la capacidad hospitalaria, realizar pruebas masivas, e informar diariamente vía redes sociales.

A la par y de acuerdo al registro estadístico del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública la disminución de la incidencia delictiva en los delitos del fuero común bajó un 50% que significa salir del primer lugar y pasar al noveno en el país en inseguridad. Lejos quedó la imagen del Guerrero violento que por 12 años de gobiernos de izquierda predominó a nivel nacional.

Este trabajo tuvo efecto en Acapulco, lugar gobernado por la oposición, el destino turístico dejo de ser titular de medio internacionales como la ciudad más violenta del mundo.

La estrategia turística estatal frente a la pandemia incluso se replica hoy en el país.

Héctor, como le dicen afectuosamente en su tierra natal, no solo ha vencido la inercia de una crisis sanitaria, el complejo escenario económico, la liquidez presupuestal, la inseguridad en los rincones de Guerrero, su pasión por servir lo obligó a continuar gobernando desde su confinamiento al padecer en carne propia el coronavirus.

Llega a un Quinto Informe de gobierno, fortalecido y aprobado. El propio Presidente Andrés Manuel López Obrador, lo calificó como «un gobernador ejemplar», por la labor que ha realizado frente a la pandemia y en materia de seguridad.

En agosto pasado, frente al escenario electoral del 2021, el Presidente López Obrador respondió a un reportero durante la mañanera desde Acapulco “¿Cómo debe ser el candidato de este partido, cómo debe ser el gobernador que sustituirá a Héctor Astudillo Flores?”, suavemente sugirió que en Guerrero deben “seguir con buenos gobiernos”.

Un buen gobierno se hace con servicio y vocación, con pasión y sin limitantes. Con una trayectoria política como, funcionario estatal, presidente municipal, diputado local y federal, Senador de la República, dirigente de su partido y a 5 años como gobernador, Astudillo contó con la experiencia necesaria para SERVIR SIN LIMITES.

 

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