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Ser o no ser neoliberal / Por Pedro Kuri Pheres

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El adoctrinamiento de la Cuarta Transformación en busca de un ejército de adeptos vacunado ante
los nuevos males nacionales, el neoliberalismo y el conservadurismo, delata fuertes
incongruencias. Para el presidente Andrés Manuel López Obrador, el país sólo tiene dos bandos:
los fifís, que invocan un modelo político ajeno a la izquierda, y el pueblo sabio con ánimo
transformista. O están a favor o en contra, ha advertido sin reparo. Y en esa disyuntiva, donde no
hay cabida a disentir o a la justa medianía, el presidente no pierde oportunidad para moldear a
modo el criterio social señalando a sus detractores como enemigos del país, entre estos,
miembros de la iniciativa privada.
Las inconsistencias surgen porque, pese a su aversión manifiesta hacia el sector privado, el
presidente se ha hecho de una camarilla de empresarios que no simpatizan con su proyecto de
nación, pero forman parte de su círculo cercano. Algunos de ellos, de hecho, lo acompañaron a
una cena en la Casa Blanca para oficializar el T-Mec, pese a que fueron integrantes del Consejo
Coordinador Empresarial (CEE) y otros empresarios los encargados de apuntalar el nuevo acuerdo
comercial con Estados Unidos y Canadá.
Otra incoherencia en la ambivalente postura presidencial, particularmente frente a las empresas,
fue su llamado al gremio patronal a rectificar sobre los despidos de trabajadores por el despunte
de la crisis sanitaria del Covid-19, mientras les rechazaba, al mismo tiempo, su propuesta de
valorar facilidades al pago de impuestos y la entrega de apoyos a pequeñas empresas ante la falta
de liquidez.
También olvidó sus diferencias con la IP cuando, en febrero pasado, comprometió a directivos y
dueños de diversas compañías a comprar 3 millones de cachitos de la Lotería Nacional para la rifa
del avión presidencial -la aeronave en sí, como es sabido, no se entregará propiamente al ganador-
que equivalen a un monto de mil 500 millones de pesos. Empresarios y millones de mexicanos,
pues, enmendando ese dislate del presidente.
Esta semana se dio a conocer que la Fundación Slim financiará el desarrollo de la vacuna contra el
Covid-19, a cargo de la Universidad de Oxford y la farmacéutica AstraZeneca para su producción
en México y Argentina. El anuncio es sumamente alentador entre los efectos devastadores de esta
pandemia porque permitiría tener el antídoto durante el primer semestre de 2021 con miras a
recuperar a corto plazo la relativa normalidad social y económica.
Sin embargo, se trata de un esfuerzo que no provino del gobierno mexicano, cuya función sobre el
manejo de la emergencia sanitaria ha generado, más bien, suspicacias y críticas internacionales. Es
una iniciativa del sector privado, el mismo que aborrece a conveniencia la Cuarta Transformación,
y el mérito no corresponde ni al presidente ni a la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Algo que omite cómodamente el presidente es que el sector privado genera el 84 por ciento del
valor agregado de la economía nacional y el 84.4 por ciento de la inversión total. De acuerdo con
el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), el grueso de la recaudación fiscal
también proviene de las empresas. Por tanto, no es congruente catalogar al neoliberalismo como el cáncer nacional que, desde su concepción mediante la libre empresa y el libre emprendimiento,
aspira a un estado de bienestar para los mexicanos.
Honor a quien honor merece.
Pedro Kuri Pheres en Facebook
@pedrokuripheres en Twitter
acapulco.ok@gmail.com

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