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Sequía turística en temporada de lluvia / Por Pedro Kuri Pheres

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Decir que la temporada vacacional de verano para Acapulco fue mediocre es lo menos. La ocupación hotelera semanal no alcanzó ni el 50 por ciento durante este mes y medio de asueto escolar y los fines de semana hubo ligeros repuntes que no permitieron, siquiera, generar ahorros para amortiguar el periodo de hambre turística: septiembre, octubre y noviembre.

A la incertidumbre económica por venir, pese al buen arranque de 2019 que se cayó semanas antes del verano, debe agregarse el factor de la ausencia de puentes vacacionales fuertes durante los tres meses en puerta.

Entonces, ¿qué sigue? Para la iniciativa privada, cerrar fuentes de empleo es una medida no deseable porque esto alimenta males sociales como la delincuencia, pero algunas empresas se debaten en la inevitable disyuntiva de apretarse el cinturón o bajar sus cortinas. No hay más. Y a esto se añade que los incentivos de autoridades para fomentar la inversión y el empleo son reducidos o exiguos, y el gobierno municipal, aunque su oferta fue otra a inicios de este año, mantiene altas tasas en licencias de funcionamiento y refrendos para la operación de negocios de distintos giros.

Así es como se ahuyenta el capital; así es como se originan fugas difíciles de tapar que van colapsando la economía local y regional.

Las cifras alegres de autoridades turísticas sobre los logros del periodo vacacional no muestran la realidad padecida y evidente. Calificar esta temporada como exitosa es una fantasía porque los ingresos del sector turístico, principalmente del ramo restaurantero, apenas sirvieron para sobrellevar gastos propios.

Además de la baja afluencia turística natural en puerta, debe considerarse que la presencia de la temporada de lluvias, cuya fuerza se manifiesta con mayor intensidad precisamente en los meses de septiembre y octubre, inhibe a potenciales visitantes tras lo ocurrido en 2013 con el paso de la tormenta Manuel y los estragos ya conocidos.

El contexto descrito no es ninguna novedad. Es lo que padecemos año con año. Y pese a ello y sus consecuencias implícitas, no hay acciones contundentes ni estrategias efectivas para revertir ese escenario. Salvo la edición 33 de la Convención Internacional de Minería, a celebrarse la última semana de octubre, Acapulco no tendrá eventos ni congresos que sirvan de oxígeno en medio del letargo turístico rumbo al periodo vacacional de diciembre.

A manera de encontrar una alternativa, más no una solución, el Fideicomiso de Promoción Turística (Fidetur) de Acapulco y un grupo de empresarios iniciaron recién una caravana por ciudades de dos estados del Bajío para sembrar la oferta de turismo de este destino de playa. La iniciativa es plausible, sin duda, pero no atiende el problema de fondo ni garantiza resultados a corto plazo.

Por el contrario, la llegada de visitantes procedentes de los estados de Guanajuato o Querétaro será mínima comparada con la registrada desde la ciudad de México, Morelos o Puebla por la distancia carretera y el costo que implica el viaje por esa vía.

Revertir los periodos de baja actividad turística requiere políticas públicas inteligentes y viables. Las buenas intenciones y los pronósticos con cifras alegres ya no resultan suficientes para disfrazar la crisis de baja intensidad que amenaza a Acapulco continuamente, aunque las autoridades insistan en negarla y se escuden en su nociva ceguera de taller.

Pedro Kuri Pheres en Facebook

@pedrokuripheres en Twitter

acapulco.ok@gmail.com

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