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Saber / Por:Daniel Hernández 

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Una premisa desde la infancia es saber cada día algo más, aprender y comprender, primero lo más básico como san las necesidades naturales humanas, después hablar, caminar y así cada día se va creando un gran cúmulo de conocimientos y habilidades, de experiencia que sirven para darse cuenta que hoy se sabe algo que ayer se desconocía, entonces viene el calificar la valía de lo que ahora se sabe, bueno o malo, positivo o negativo, se empieza a guardar o a desechar de acuerdo a ese valor asignado por cuenta propia o por inercia de la interacción social, lo guardado es valorado, pero muchas veces lo que se busca desechar no siempre es posible hacerlo, se puede quedar mucho o poco tiempo, afectando o no, un ejemplo de ello es el miedo

En la búsqueda por saber más se da la inquietud de conocer por cuenta propia algo en específico, eso conlleva a adentrarse en lo que se va conociendo, hay temas que enriquecen y aportan, otros que provocan un efecto contrario, muchas veces por el exceso o por la mala calidad de la información a la que se tiene acceso, generando sensaciones y emociones que afectan el bienestar de las personas, la ya mencionada interacción social contribuye, pero cuando no se da esa interacción puede llegar a influir aún más, cómo muestra podemos tomar la situación actual que está atravesando la sociedad y la humanidad, mucha información a la mano, con el tiempo para consumirla y digerirla, más aún para analizarla varias veces desde gran cantidad de perspectivas internas, sin la debida retroalimentación social necesaria.

La incertidumbre actual ha llevado a tomar la decisión de querer estar informado para tomar las mejores decisiones, el cúmulo de información disponible puede provocar que el objetivo por el cual se buscó tener acceso a ella se pierda entre tantas palabras, imágenes y enlaces, desde la modernidad de un viaje espacial inédito hasta la idea de echar a andar un tren como en otros tiempos, que van arrastrando por un laberinto de ideas y datos, confusión que empieza a generar reacciones negativas en la mente primero, después en las emociones, reflejándose corporalmente y por último en las acciones, se tiene presente la dificultad actual, los datos pasados de la misma, escenarios futuros posibles, pero esa confusión hace olvidar algo; ¿que se hará cuando esto pase?

Es entonces cuando se necesita que la sociedad en todos sus estratos y niveles sea apoyada, dirigida con responsabilidad y solidaridad sin dejar resquicios para pérdida de tiempos y palabras en razones sin razón, ese apoyo puede provenir de diferentes fuentes, los mismos integrantes de la sociedad lo pueden aportar incluso en sus núcleos más pequeños cómo son la familia, puede ser también profesional por aquellos que se han preparado para poder auxiliar en eso, por sus líderes y dirigentes que deben mostrar semblante, empatía, liderazgo y visión, y por último la fortaleza interior, de saber que todo puede estar mejor, aunque haya muchos motivos y vivencias para pensar lo contrario, pensar y poner en acción en lo que se habrá de hacer ya pasada la adversidad, se debe continuar aunque haya sido o esté siendo complicado, hay que saber que el futuro espera pero a veces no es tan paciente, pues así es la vida misma.

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