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Recuperando fueros por aire / Por Pedro Kuri

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Acapulco es un destino privilegiado por su belleza y atractivos naturales, pero también por su accesibilidad diversa de la que otros sitios turísticos de playa. La autopista del Sol, por supuesto, es la principal vía de entrada de visitantes hacia este puerto por la cercanía con la capital del país y su conexión con los estados de Morelos y Puebla, aunque su estado físico y las constantes reparaciones dejan mucho que desear con respecto al costo de la misma.
Por mar, Acapulco cuenta con una terminal marítima funcional que, si bien requiere modernización, tiene capacidad -al igual que nuestra bahía- para recibir a cruceros de cualquier calado, como el Norwegian Joy que recaló hace dos semanas con más de 5 mil pasajeros.
Sin embargo, la área es, quizá, la vía más prometedora a futuro y la que garantiza el arribo de turistas de mayor poder adquisitivo.
Es preciso hacer hincapié en que la consolidación de Acapulco en el mercado internacional depende en buena medida de las operaciones aéreas y la capacidad de atención a gran escala.
El Aeropuerto Internacional Juan Álvarez, en funcionamiento desde 1967 y recientemente remodelado y ampliado con una inversión de 547 millones de pesos, registró en 2018 un movimiento de 739 mil 120 pasajeros. Un indicador positivo con una variación de casi +10 por ciento con respecto al número de viajeros de 2017. La cifra, no obstante, guarda cierta distancia con los más de 1 millón de pasajeros del 2000, 2007 y 2008, justo antes del declive turístico derivado de la escalada de violencia.
Actualmente, la ciudad de México es la principal ruta aérea nacional para el aeropuerto de Acapulco, con una afluencia de casi 250 mil pasajeros al año, y se mantienen cinco vuelos directos internacionales con tres ciudades de Estados Unidos (Houston, Austin, Los Ángeles) y dos de Canadá (Montreal, Toronto) que el año pasado transportaron a unas 11 mil 660 personas.
Resulta menester, por ello, incentivar nuevas rutas aéreas y recuperar otras perdidas por la indiferencia a fortalecer políticas públicas en materia turística adecuadas a nuestras circunstancias y los nuevos estándares de competitividad.
La apertura de la nueva ruta Cancún-Acapulco, mediante Interjet, es un buen aliciente para explorar otras conexiones que sirvan de puente hacia este puerto, en busca de escalar otros peldaños en el mercado turístico.
Este vuelo nos acercara de nueva cuenta con un turismo extranjero que ha optado por los destinos del Caribe mexicano ante la decadencia de la imagen de sitios del Pacífico, como el nuestro, pero la valía, más allá del números de visitantes atraídos, es la resucitación de la confianza hacia Acapulco que es necesario replicar en segmentos como el turismo naviero o el Springbreak.
Las condiciones de seguridad a nivel local se están gestando para hacer frente a cualquier campaña de desprestigio y ofrecer garantías a potenciales turistas, y el aeropuerto tiene la capacidad para operar a la altura de otras terminales aéreas del paíscon un aforo de 1 millón 300 mil pasajeros al año con límite hasta de 2 millones.

Pedro Kuri Pheres en Facebook
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acapulco.ok@gmail.com

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