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Otros datos, misma realidad / Por: Pedro Kuri Pheres

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La incertidumbre actual sobre el rumbo de la economía mexicana, más allá de los efectos por los precios del crudo, la volatilidad del dólar y la recién modificada tasa de referencia de la Reserva Federal, radica en factores meramente endógenos

De acuerdo con el INEGI, el Producto Interno Bruto (PIB) creció 0.1 por ciento durante el segundo trimestre de este año, mientras que el trimestre anterior fue de -0.2 por ciento.

Para el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, esta señal de recesión económica es digna de celebrarse porque evidencia, a su juicio, los primeros pasos hacia la transformación económica del país. En los hechos, sin embargo, el crecimiento es pírrico y se ajusta a los malos augurios de agencias consultoras y calificadoras sobre el comportamiento económico de este primer año de la Cuarta Transformación.

Incluso, el Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó el pronóstico de crecimiento de México en siete décimas porcentuales con respecto al último estimado de 1.6% al cierre de 2019.

El FMI sustenta su previsión en la falta de confianza hacia las políticas económicas que inhiben la inversión y el consumo privado, entre otros factores. Y el nerviosismo de potenciales capitales para arraigar sus inversiones en territorio mexicano no es casual. La cancelación, de tajo, de la obra del nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en Texcoco fue la primera señal de alerta al interior y al exterior. Para cualquier empresa o consorcio resulta inviable poner la mira en terreno pantanoso sin ninguna garantía de desarrollo. Y el riesgo se acentúa cuando esta administración pondera proyectos como el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas o el Corredor Transístmico, y depone cualquier iniciativa transexenal con tufo neoliberal que no se ajuste a la nueva ideología del gobierno en turno.

Bajo esa visión sufrieron el mismo revés las Zonas Económicas Especiales, una serie de proyectos interestatales cuya intención era detonar la economía regional.

En el caso de Guerrero, la zona Lázaro Cárdenas-La Unión ya contemplaba algunas inversiones nacionales y extranjeras, así como un gran interés de empresarios orientales, que advertían un futuro prometedor ante la expansión turística mediante la construcción de un corredor que atravesará la región Costa Grande partiendo de Acapulco.

El macro proyecto está desmoronado como tal, pero la intención de atraer nuevos capitales a esa y otras regiones de Guerrero se mantiene, a iniciativa de autoridades locales.

Entonces, a decir del contexto expuesto, el crecimiento económico de 0.1 por ciento no es más que una variación meramente inercial. El gobierno federal no puede exaltar un crecimiento como tal, además, cuando la tasa de desempleo nacional alcanzó su peor nivel de los últimos dos años al colocarse en un 3.5 por ciento durante el primer trimestre de este año, es decir, 1.9 millones de personas sin trabajo.

Los datos del presidente Andrés Manuel López Obrador, según justifica, son otros, aunque estos provienen del INEGI y de la propia Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

No obstante, lejos de las gráficas y la retórica, el deterioro económico se manifiesta en la elevada e irrefrenable inseguridad, el encarecimiento de bienes y servicios, y la baja actividad turística como la reflejada en lo que va de esta temporada vacacional de verano.

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acapulco.ok@gmail.com

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