Dark Light

Tapextla, Oaxaca.- No hay tal pureza, no hay negritud. El dicho popular vive: “¡No somos negros!, ¡Negros los burros, nosotros somos prietos!. Aquí, los diablos -ni buenos ni malos- se contonean. La Minga, con paso sensual, recorre las calles escondida tras una máscara tiesa que cuida los pasos del diablo mayor. El juego comienza. Un danzante, vestido de vaquero con pantalón raído, suena la charrasca.

Es el ruido de la quijada de un burro. Los diablos bailan agachados con los brazos vencidos, balanceándolos adelante y atrás. El 1 y 2 de noviembre, cuando se celebra a los muertos, tienen permiso de “despertar” a los espíritus. Van a sus tumbas a desfogarse, les recitan coplas, visitan casas de pueblo y piden ofrendas: dinero, mezcal y comida.

[adrotate group=”1″]

“¡Llegaron los diablos!”, gritan al llegar a las casas los bailarines de la Costa Chica de Oaxaca y Guerrero. Hay cientos de danzantes esparcidos en esta tierra habitada por descendientes de esclavos africanos que llegaron durante la Conquista a finales del siglo XVI. Con sus movimientos, vestuario y máscaras muestran su mestizaje. Morenos, con cabello cuculuste [chino], con su baile emulan, sin saberlo, movimientos bantús (de etnias africanas), indios y cubanos a la vez.

 

HASTA AQUÍ EN LASINTESIS.MX QUIERES LEER TODO LO DEMÁS, HAZLO EN LA FUENTE ORIGINAL http://www.eluniversal.com.mx/articulo/estados/2016/07/31/negritud-la-tercera-raiz-mexicana

Deja un comentario

entradas relacionadas
Total
0
Share