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La Familia Polanco encontró un nicho de mercado entre aquellos inmigrantes de Guerrero, México, avecindados en Los Ángeles

Aniceto “Cheto” Polanco y su esposa Nolbe heredaron de sus familias el gusto por la panadería. Ambos son hijos de madres panaderas. Nolbe incluso vendía pan en Copala, su pueblo en Guerrero, México, pero tuvieron que pasar varias décadas para que se animaran a abrir su propio negocio en la cochera de su casa en la ciudad de Compton, California. Y seis años después empiezan a ver los frutos del esfuerzo.

“Al principio fue difícil. Por ponerlo de algún modo, salíamos al centro de Los Ángeles con 100 panes y regresábamos con 200 porque no se nos vendía. No teníamos clientes. No nos conocían. Hoy en día, de nuestra panadería sale para que 5 personas vivan y hasta tenemos ganancias”, dice orgulloso Cheto Polanco.

“Del Pan Estilo Copala Guerrero se pagan los estudios universitarios de mi hijo Giovani”, agrega.

Y es que la Familia Polanco encontró un nicho de mercado entre aquellos inmigrantes de Guerrero, México, avecindados en Los Ángeles y más allá, que añoran los sabores del pan del estado que los vio nacer.

La familia de Cheto Polanco en plena acción en su panadería artesanal. (Araceli Martínez/La Opinión)

Cheto y su esposa se conocieron de niños en Copala, Guerrero donde nacieron y crecieron trabajando en las panaderías de sus respectivas familias, y hasta se hacían competencia. 

“Yo salía a vender pan, pero tenía que esperar a que su hermana terminara para ponerme yo”, recuerda Nolbe.

Cuando tenían 20 años, Cheto y Nolbe emigraron juntos a Los Ángeles y se instalaron en la ciudad de Compton donde han vivido por más de tres décadas. En Los Ángeles tuvieron tres hijos que ya son adultos. El más chico Giovani Polanco estudia ingeniería eléctrica, pero también es su brazo derecho en la panadería.

Cheto Polanco muestra algunos de los panes. (Araceli Martínez/La Opinión)

Todo comenzó cuando en sus días libres, Nolbe quien trabaja como asistente de enfermera, se ponía a hacer pan como un hobbie, pero luego empezó a venderlo entre vecinos y compañeros de trabajo.

“Yo le compré una batidora profesional y un horno industrial chico”, dice Cheto.

Pero lo que inicio como un pasatiempo se transformó hace seis años en un pequeño negocio.

“Decidimos empezar a vender pan artesanal, típico de Guerrero, porque aquí y puedo asegurar que en todo Estados Unidos no hay quien lo haga y lo venda”, dice Cheto.

Así fue como se pusieron a hacer los panes tradicionales de su estado natal, los panes de yema de huevo las peinetas, los gusanos, los niños, los borrachos, las cuernos, las conchas, las pelonas, entre otros de peculiar nombre.

Aradeli Uriostegui se encamina al horno. (Araceli Martínez/La Opinión)

Nolbe enseñó a su hijo y a Cheto a hacer el pan. “Al principio no me gustaba, no me salía, pero mi esposa me fue enseñando hasta que aprendí, y ella necesitaba que todos supiéramos porque no quería dejar su trabajo en el hospital como asistente de enfermera, y deseábamos continuar en el negocio; y además que por ese tiempo, me quedé sin trabajo”.

Nolbe dice que a querer o no, Cheto aprendió muy bien a hacer pan.

A la preparación del pan se le han unido otras dos mujeres guerrerenses, amigas de la familia, Aradeli Uriostegui y Reyna Silva. Entre los 5 amasan y hornean de martes a viernes de las 5 de la mañana hasta las 10 de la noche.

“Descansamos domingo y lunes”.

Pan estilo Copala, Guerrero de la familia Polanco de Compton, California. (Cortesía)

Cheto dice que ya tienen vendedores que se encargan de distribuir su pan, y tienen clientes fieles hasta de Las Vegas, San Juan Capistrano y Oxnard, no se diga en Los Ángeles.

“Poco a poco nos fuimos haciendo de clientes, gracias a que nuestro pan es artesanal, y lo hacemos con mucho cariño y amor”.

Giovani dice que el Pan Estilo Copala Guerrero como le han puesto al negocio, se vende al mayoreo y menudeo. “A la gente le gusta porque tiene textura, suavidad y sabor”.

Aradeli Uriostegui y Giovani Polanco. (Araceli Martínez/La Opinión)

Cheto sueña con un día salir del garaje de su casa para abrir una panadería grande en Los Ángeles y “por qué no, tener franquicias”.

Y se siente animado porque dice que su panadería es exclusiva de Guerrero y nadie la hace.

Lo mejor de todo es que la pequeña panadería artesanal los ha unido como familia.

Para ordenar el Pan Estilo Copala Guerrero llama al 310-490-6390 y 310-292-5096; o acude a 14423 S. Castlegate avenue en Compton, California, 90221.

Por: Araceli Martínez Ortega. Original de La Opinión.

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