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Limosnas en épocas de austeridad / Por Pedro Kuri Pheres

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El Ayuntamiento de Acapulco, erigido sobre las bases de la Cuarta Transformación de Andrés Manuel López Obrador, ha requerido un rescate financiero inmediato de mil 400 millones de pesos a la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para ir rellenando el boquete socavado en las arcas municipales desde anteriores administraciones.
Del S.O.S. económico no estuvo exento ninguno de los dos gobiernos anteriores, periodo en que comenzó a resentirse de manera más profusa el mal manejo de recursos públicos evidenciado a partir de 2002.
Es una petición ya conocida, con la misma construcción argumental, que solo se ajusta al monto necesitado.
Sin embargo, hay elementos a considerar en esta coyuntura de la nueva composición de las fuerzas políticas y el dominio del Movimiento Regeneración Nacional.
De acuerdo con los postulados lopezobradoristas, los gobiernos morenistas deben someterse a políticas de austeridad rigurosas como las promovidas por el propio presidente electo de México, a través de la recién aprobada Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos que impide a cualquier funcionario de la administración federal tener un sueldo mayor al del primer mandatario.
En lo local, esas medidas se han omitido, pese a que el nuevo gobierno municipal inició funciones desde hace 40 días, tiempo considerable para llevar a la Comisión de Hacienda del Cabildo ajustes en los salarios de los servidores públicos de primer nivel, asesores y, por supuesto, regidores. En el presupuesto de Egresos de 2019 que ya se cocina, de hecho, no existe alguna propuesta al respecto.
Incluso, la advertencia de cancelar bases laborales otorgadas de manera  irregular, que tan solo de la administración anterior se calculan unas 500, avanza de manera lenta, suponiendo una posible negociación con la parte sindical para refrenar ese proceso y “sacrificar” solamente a unos cuantos.
Es preciso señalar que el grueso del gasto corriente del Ayuntamiento se destina al pago de burocracia.
Por ello resulta desafortunada la reciente declaración de la alcaldesa Adela Román Ocampo, en el sentido de que su gobierno “limosnea” a la Federación y al gobierno de Guerrero mil 400 millones de pesos para sobrellevar la crisis financiera por los pagos venideros de fin de año.
La petición de recursos financieros a los órdenes de gobierno superiores debe estar acompañada de un planteamiento justo de austeridad en el gasto público para legitimar el rescate.
De otro modo se estaría recurriendo confesa y abiertamente a ese paternalismo pernicioso hacia el gobierno federal al que se someten, cómoda y voluntariamente, las autoridades locales que tiene autonomía plena, excepto en ese renglón y el de seguridad.
Es menester, a la par, corregir las deficientes estrategias de recaudación que no han fortalecido las arcas municipales y, por el contrario, han provocado una ausencia de recursos propios para atender necesidades inmediatas en materia de servicios públicos, obras y programas sociales.
La austeridad, por supuesto, debe aplicar desde la primera autoridad del municipio y replicarse en el salario de regidores, así como en los excesivos gastos de gestoría que no están sujetos a comprobación.

Pedro Kuri Pheres en Facebook
@pedrokuripheres en Twitter
acapulco.ok@gmail.com

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