Autor: Dr. Miguel Betancourt.

Hijo de un inmigrante francés dedicado a la comercialización de vinos, y de madre mexicana de origen modesto, Carlos Trouyet (México, D.F., 1903 – 1971) se educó en el Colegio Alemán de la ciudad de México y aprendió cuatro idiomas además del español: alemán, francés, inglés e italiano. Los informes sobre su educación no dan más detalles sobre sus progresos en las aulas, pero es obvio que la preparación que su vocación demandaba no estaba en la escuela. Esto podía explicar el por que, a pesar de ser un políglota, se colocó como un simple “office boy” en una institución bancaria. Al final de cuentas, ahí fue donde empezó a adquirir los conocimientos necesarios y a tejer la red social que lo impulsaría al éxito económico. No cabe duda que con el tiempo se convirtió en un hábil corredor de valores y trató siempre de hacer “buenas amistades”. La mejor de todas ellas fue sin duda la de Miguel Alemán, que después sería Presidente… y multimillonario.

Antes de que Miguel Alemán llegara a ocupar la primera magistratura del país, Carlos Trouyet era ya su banquero, consejero y amigo. Después de ser Presidente, Trouyet se convirtió en su socio. Ambos, junto con capitalistas norteamericanos, participaron en el establecimiento del hotel Continental Hilton de la ciudad de México, y Trouyet, junto con los mismos capitalistas, estuvo asociado en la construcción del hotel Las Brisas de Acapulco.

Sus ligas con millonarios mexicanos del tipo de Alemán y también norteamericanos se advirtieron en casi todos sus negocios, que no fueron pocos. Por ejemplo, fundó el periódico “El Heraldo de México” junto con Gustavo Díaz Ordaz, Manuel Espinosa Yglesias y Raúl Bailleres. Fue uno de los principales accionistas de la Algodonera Comercial Mexicana; de Plywood Ponderosa de México, (que contaba con un nada despreciable 60% de la producción nacional de triplay y derivados); Bosques de Chihuahua, en 1953, junto con Eloy Vallina García (Fundador y Presidente del Banco Comercial Mexicano, luego Comermex); fundaron la primera empresa de celulosa de América Latina, Celulosa de Chihuahua, donde los trabajadores contaban con unidades habitacionales, escuelas, talleres, centro médico y otros servicios; y la Compañía Industrial de Orizaba, fábrica textil, entre otros muchos negocios prósperos. Algunos medios de comunicación, como The Saturday Evening Post, de Filadelfia, por ejemplo, estimaban que participaba en el Consejo de Administración de veinte grandes empresas de México, mientras que otros, como la revista Fortune , en cambio, opinaban que ese número ascendía a 49.

Don Carlos Trouyet, habiendo ya probado las mieles del éxito, se montó en el caballo de los negocios arriesgados pero promisorios. Así fue como llegó a ser protagonista de la nacionalización de Teléfonos de México, de la que fue Presidente por muchos años. Teléfonos de México era propiedad en un 74% de la International Telephone and Telegraph de los Estados Unidos y de la LM Ericsson de Suecia, hasta que fue adquirida en su totalidad por capitales mexicanos, tanto oficiales como privados. Sobre esta base y a principios de 1964, el gobierno mexicano en su calidad de accionista mayoritario, decidió tomar en sus manos el control de la Empresa. Trouyet permaneció como Presidente del Consejo de Ad ministración.

Este destacado empresario aportó, en forma muy importante, como promotor e inversionista directo, los recursos y la capacidad para que varias empresas pasaran a ser propiedad de mexicanos, ya que en gran medida pertenecían a intereses extranjeros. Su último proyecto, que compartío con Manuel Senderos, fue el fraccionamiento residencial Bosques de las Lomas, pero jamás lo vio terminado, pues hubo que esperar 18 años a que el gobierno otorgara los permisos de construcción debido a que no se contaba con la infraestructura necesaria.

Por otro lado, Carlos Trouyet creó el fideicomiso y el patronato para la construcción de la Universidad Iberoamericana. También fue Vicepresidentes del Museo Nacional de San Carlos, patrono de la Orquesta Sinfónica Nacional de México, apoyó la construcción del Hospital ABC y perteneció a la Asociación de Banqueros. Entre todas estas actividades financió además una capilla submarina para el culto guadalupano en las transparentes aguas del canal de Bocachica en Acapulco.

Carlos Trouyet es, pues, una leyenda construida a partir de la realidad, un personaje con tintes renacentistas por vocación que trascendió con mucho el objetivo grosero y primario de construir un informe amasijo de divisas y así, su visionario proyecto se afianzó consistentemente en la conciencia de un país al que amaba y de cuya grandeza se sentía corresponsable. Arquetipo del empresario con rostro humano y raíz nacional, estuvo siempre empeñado en contribuir al engrandecimiento de su gran amor: México.

El prominente empresario contrajo nupcias con Milly Hauss y tuvieron dos hijos: Jorge y Carlos Jr. Remontémonos ahora a la época del Acapulco Dorado, a ese puerto lleno de glamour que se galardonaba hospedando al jet set hollywoodense, aquel que contaba entre sus habitantes flotantes a personalidades de la talla de Sofía Loren, Natalie Wood o Frank Sinatra, cuando entonaba:

Weather – wise it´s such a lovely day/ You just say the words and we”ll beat the birds

Down to Acapulco Bay

It´s perfect for a flying honeymoon, they say

Come fly with me, let’s fly, let´s fly

Pack up, let´s fly away

…. Aquel Acapulco que fundó y resguardó, por años, historias de vida.

En ese tiempo, el crecimiento del puerto se extendía rápidamente hacia el Este de la bahía, en dirección al exclusivo hotel Las Brisas, el cual desde 1957 había permanecido aislado en la cima de una colina. Me refiero con más precisión a la segunda mitad de la década de los sesentas, cuando en pleno movimiento hippie mundial los jóvenes sanos se preocupaban por obtener el último éxito de los Beatles o de los Doors y los insanos buscaban un pequeño cubo de gelatina con LSD o fumarse un poco de marihuana. En ese tiempo, los hermanos Trouyet, quienes fueron estudiantes ejemplares, se concentraban, entre otras cosas, en el cuidado y manejo de la dehesa recién adquirida por su padre.

La dehesa del matador José “Pepe” Ortiz Puga, ubicada en el guanajuatense municipio de San Miguel de Allende, fue adquirida en el año de 1962 por el empresario, quien le cambió el nombre a “San Carlos” y la cedió a sus hijos. Ellos no tardaron en agregarle 35 vacas y 5 sementales de Jesús Cabrera para luego incorporar un semental de San Mateo en 1966. Pero además de su afición por la cría de toros de lidia y por la fiesta brava, los hermanos Trouyet eran muy aficionados a la aviación privada.

Cierto día 13 de noviembre de 1967, al momento del ocaso, los hermanos despegaron del aeropuerto de Acapulco con dirección a la ciudad de México, a bordo de su avioneta particular. Se trataba de una Piper Aztec con matrícula XB-TIE, bimotor de ala baja y con capacidad para seis pasajeros incluyendo a los pilotos. En la aeronave viajaban: Jorge y Carlos Trouyet Jr., el piloto Praxedis Lopez Ramos, Dionisio Pérez Rincón Gallardo, Ignacio McKensie y la señorita Elena Sama. Al parecer, el vuelo se llevó a cabo con tranquilidad y sin problemas, puesto que no se tiene registro de alguna llamada de emergencia por parte de los pilotos y tampoco se recuerda sobre el reporte de alguna posible falla mecánica. Sin embargo, ya en su aproximación y a unos cuantos minutos de su arribo a la capital, el “Tango India Eco” desapareció de los radares del aeropuerto internacional de la ciudad de México.

Debido a la obscuridad de la noche y al hecho de que el mal tiempo reinaba sobre todo el Valle de México fue que las labores de búsqueda y salvamento tuvieron que esperar hasta muy temprano del día siguiente.

Varias brigadas de experimentados montañistas partieron al rescate aquella mañana, y a pesar de verse obstaculizados por la espesa neblina que cubría la capital de la República y sus alrededores, lograron localizar los restos de la pequeña nave accidentada en lo profundo de un barranco, cerca de la presa de la Concepción, Villa del Carbón, Atizapán de Zaragoza, Estado de México. Apenas a unas 23 millas de distancia del aeropuerto capitalino. No hubo sobrevivientes.

Se cuenta que Milly Hauss de Trouyet tuvo un sueño, donde se le anunciaba que tan pronto como le fuera posible se construyera un santuario con el propósito de contar con un espacio de consuelo y meditación que lograra mantenerse en la memoria de todas las personas que visitaran Acapulco. Ella misma elegiría el lugar, visible desde cualquier punto del puerto.

La capilla fue construida. Coronando las alturas, a 402 metros sobre el nivel del mar se edificó la Capilla Ecuménica de la Paz, creada para lograr una sincera comunicación con el espíritu. Localizada en la parte mas alta del cerro El Guitarrón, brazo montañoso que rodea a la bahía de Acapulco, se construyó con estructura de acero y concreto, tejas de asbesto, cemento matizado con sulfato de hierro y placas triangulares de ónix verde piña. Roca y granito. Adoquín rosa de Querétaro, madera de guapinol y palo morado. Moderna, bella e inspiradora.

Frente a ella su enorme cruz blanca vive iluminada desde la noche del 24 de diciembre de 1970 hasta la fecha. Estructurada de acero y concreto alcanza una altura de 42 metros, cuenta con una cimentación de 20 metros enclavándose en roca de granito para resistir vientos de hasta 260 kilómetros por hora. Se ilumina con reflectores de vapor de mercurio.

Bajo la cruz se encuentra una escultura de bronce simbolizando dos manos que apuntan al cielo: “Las Manos de la Hermandad”, una obra del escultor Claudio Favier, que representa la unión fraternal que guardaban los dos hermanos, pero, además, las dos manos son manos derechas, “las dos manos derechas” del gran empresario, que así consideraba a sus dos hijos. El espacio de meditación sobresale en el horizonte acapulqueño por su elevada ubicación. Sin embargo, Milly Hauss no logró ver la obra terminada debido a que, por causas de salud, se reunió con sus hijos antes de lo esperado.

Coautor de la edificación y uno de los fundadores del exclusivo fraccionamiento de Las Brisas de Acapulco, Don Carlos Trouyet cumplió con los sueños de su esposa. Vivió el proyecto hasta su finalización, como último deseo de su amada en honor de sus hijos.

La Capilla Ecuménica de la Paz fue abierta por primera vez al público en 1971. Poco tiempo después, durante ese mismo año, falleció Carlos Trouyet. Los restos mortales de los hermanos Jorge y Carlos descansan en el sepulcro que sus padres eligieron para ellos, lugar en el que también se encuentran sus progenitores Milly y Carlos, en el nivel inferior del santuario que forma parte de la cripta pública, rindiendo así tributo a la vida.

La Capilla de la Paz se denomina ” Ecuménica ” porque en ella se pueden realizar ceremonias religiosas de personas que muchas veces no comparten el mismo culto. Es decir, el “Ecumenismo” es la tendencia que busca la restauración en la unidad de las diferentes denominaciones cristianas, separadas por cuestiones de iglesia, doctrina, institución, intereses particulares, historia, tradición o práctica, y que actualmente asciende a un nada despreciable número de 34,000 organizaciones distintas, pero todas ellas cristianas.

La majestuosa Capilla Ecuménica de la Paz representa, sin duda, una conmovedora historia que nos deja una lección de esperanza; ejemplo de una familia que supo canalizar las emociones y los sentimientos para imponer sus fuerzas ante la tragedia y así inmortalizar a la base de toda sociedad humana: La Familia.

Tomado de Facebook.

Autor: Dr. Miguel Betancourt. Otorrinolaringólogo y enamorado de Acapulco

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