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Ingresos reales y prestaciones para beneficio de las familias que dependen del turismo están en juego por dádivas, tortas y un contagio garantizado.

Por anticipado, la tercera ola de contagios de Covid-19 en México ya se atribuye al próximo periodo vacacional de Semana Santa. Esa conclusión del Instituto de Investigaciones Geológicas y Atmosféricas se fundamenta en que existen nulos actos de prevención de contagios del Covid-19 en zonas vacacionales del país.

El nuevo pico de casos positivos, defunciones y hospitalizaciones por el nuevo coronavirus está previsto a partir del próximo 15 de abril, según los expertos del instituto, para culminar el mes de junio. Los especialistas estimaron que el ritmo de contagio durante ese periodo de reinfecciones podría arrojar entre 18 mil y 25 mil casos positivos diarios, pero se elevarían hasta 31 mil en el peor de los escenarios. Los fallecimientos, en tanto, llegarían a 4 mil 500 personas por día.

Sin embargo, esos cálculos omiten otra vertiente con mayor potencial de riesgo de rebrote del Covid-19 que las vacaciones de Semana Santa y la actividad turística.

El 6 de junio se celebrarán -así se les denominan- “los comicios más grandes de la historia” donde se elegirán 20 mil 311 cargos de elección local y 500 federales.

En Guerrero y otros 13 estados de la República mexicana se renovarán gubernaturas. En nuestra entidad las primeras campañas electorales comenzaron hace dos semanas, en un ambiente que se muestra indiferente ante los 36 mil 885 casos positivos de Covid-19 acumulados desde hace un año y las 3 mil 895 personas muertas por ese virus.

Desde que partidos políticos presentaron oficialmente a sus candidatos a la gubernatura hasta hoy, los actos proselitistas son la evidencia más ofensiva de la irresponsabilidad popular que osa en desafiar una pandemia que arrasa sin distingo ni tregua.

Candidatos de las coaliciones más fuertes realizan diariamente actividades multitudinarias en diversos municipios de la entidad sin ninguna restricción ni control en el aforo de personas que, en la misma indolencia, omiten medidas básicas propias como guardar la sana distancia.

En el artículo tercero, inciso C, del decreto sobre porcentajes de ocupación y funcionamiento de diversas actividades no esenciales, publicado el pasado 15 de marzo en el Periódico Oficial del gobierno de Guerrero, se establece, textual, que los eventos de proselitismo político y electoral implican un alto riesgo de contagio. Por tanto, se prohíbe celebrar cualquier acto de campaña en lugares cerrados, pero establece ciertas condiciones para hacerlo en espacios abiertos si estos tienen una superficie mínima de 700 metros cuadros y un aforo máximo de 100 personas. Por supuesto, esto no se respeta en lo absoluto.

Para el desarrollo de esas actividades también se marca como obligatorio el uso de cubrebocas, la colocación de filtros sanitarios, la toma de temperatura a todos los asistentes y la aplicación de gel antibacterial. Entre los requisitos establecidos para el desarrollo de activismo proselitista se pide a sus organizadores, además, tramitar permisos ante autoridades sanitarias para el cumplimiento de las medidas descritas. La realidad es que ninguno de los actos masivos registrados en las dos últimas semanas tuvo la autorización correspondiente ni las medidas preventivas referidas.

Con esos antecedentes, resulta irrefutable que la actividad turística es víctima nuevamente de una satanización en medio de la pandemia, mientras quienes pretenden representarnos se aferran a conquistar un cargo público a costa de la salud de miles de votantes. Así pretendió hacerse en enero pasado cuando se quiso achacar el regreso al semáforo rojo en Guerrero a las vacaciones decembrinas, pese a que la mayor parte de los contagios registrados en ese periodo se produjo en reuniones privadas, fiestas particulares y no en hoteles, restaurantes, playas o bares.

Las sanciones que hoy amenazan a diversas empresas de un sector turístico en vilo, cuyo objetivo es darle dinamismo a la economía y generar empleos ante “la crisis más grande de la historia”, tendrían que ser redireccionadas a quienes de verdad ponen en riesgo a la población infringiendo normas sanitarias básicas y propiciando esta tercera ola de contagios.

Ingresos reales y prestaciones para beneficio de las familias que dependen del turismo están en juego por dádivas, tortas y un contagio garantizado.

Pedro Kuri Pheres en Facebook
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acapulco.ok@gmail.com

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