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Hartazgo exacerbado, un peligro social / Por Pedro Kuri Pheres

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La pandemia del Covid-19 vino a atizar la irritación social en México por una economía que
no termina de cuajar bajo la visión transformadora del gobierno federal y los rezagos
latentes en materia de seguridad pública y laboral. Si bien el malestar es arrastrado desde
años atrás por políticas públicas fallidas, la crisis actual está tornándolo un hartazgo
peligroso.
Para muestra, el video viral en redes sociales de esta semana donde un asaltante fracasa
trágicamente -para él- en su intento por despojar de sus pertenencias a cinco pasajeros de
una combi de la Ruta 83 del transporte público del Estado de México que circula por la
carretera federal México-Texcoco. Los usuarios, en un descuido, inmovilizaron al ladrón
antes de que descendiera del vehículo y lo sometieron a golpes por más de un minuto,
con el apoyo del chofer que no detuvo la marcha. Después, es bajado, desnudado y tirado
en la calle. “Pa’ que sientas lo que sentimos”, le espetó uno de sus agresores mientras
propinaba una golpiza.
Si bien la imagen sirvió al ingenio cómico nacional para divulgar memes, videos y parodias
musicales que han tenido millones de reproducciones, el hecho debe analizarse con justa
seriedad. En medio del revuelo mediático, no se pueden banalizar estos actos de justicia
por propia mano que emergen ante la indolencia de autoridades incapaces de evitar
asaltos, asesinatos, secuestros o violaciones. Y es que el tramo carretero referido,
precisamente, es blanco de la delincuencia común desde 2005 en que los operadores de
esa y otras rutas mexiquenses han denunciado asaltos constantes y homicidios. Y eso
ocurre en otras regiones del país, como en Guerrero, donde los puntos conflictivos y de
riesgo están bien identificados, pero no se atacan con efectividad.
El pasado 25 de junio, también, un militar que viajaba en un autobús de pasajeros sobre la
autopista México-Puebla frustró un asalto con saldos de tres asaltantes muertos y dos
personas más heridas en el fuego cruzado.
Pese a la inseguridad irrefrenable y las carencias económicas que calan más hondo en esta
contingencia sanitaria, la Presidencia de la República no ha cesado en abrir otro flanco de
hostilidad social hacia todo lo que no comulgue con la Cuarta Transformación, a propósito
de la proximidad de un periodo electoral.
En estos momentos de incertidumbre por los efectos de una pandemia mortal sin visos de
fin, lo menos conveniente para el país es tener una sociedad intranquila y desesperada.
Ambos estados de ánimo son un coctel para la sinrazón que no puede prevalecer frente a
la cordura y la conciencia.
Antes de que los ánimos se desborden con manifestaciones como la ocurrida en el
transporte público del Estado de México, el gobierno federal debe redirigir sus esfuerzos a la generación de condiciones de estabilidad económica y social que aminoren la desazón
entre la población y garanticen la seguridad personal de una clase trabajadora que es
víctima inmerecida de una delincuencia propagada por la falta de empleos y
oportunidades.
Con ingresos garantizados a base de trabajos bien remunerados y el fortalecimiento del
sector privado, y no de programas paternalistas que tienen propósitos político electorales
velados, los mexicanos no se verán obligados -sin justificación alguna, claro está- a
delinquir como medida desesperada para tener dinero en sus bolsillos ni a defenderse del
hampa.
Pedro Kuri Pheres en Facebook
@pedrokuripheres en Twitter
acapulco.ok@gmail.com

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