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Julissa Gómez, Christy Henrich y Elena Mukhina. Julissa murió a los 18, Christy a los 22 y Elena quedó parapléjica

De: @andreatome_

Ahora que los debates sobre la decisión que ha tomado Simone Biles de retirarse para proteger su salud están tan candentes quiero hablaros de estas gimnastas: Julissa Gómez, Christy Henrich y Elena Mukhina. Julissa murió a los 18, Christy a los 22 y Elena quedó parapléjica. Julissa Gómez era una gimnasta de San Antonio, Texas. Provenía de una familia bastante pobre que hizo muchísimos sacrificios para que Julissa pudiese cumplir su sueño de ser gimnasta y seguir compitiendo.

A los 15 años ya representaba a EEUU en las competiciones internacionales. Llevaba entrenando desde los 10 años con el infame entrenador húngaro Béla Károlyi, que a menudo “motivaba” a sus gimnastas con tácticas completamente abusivas. Los insultos sobre los cuerpos de sus gimnastas eran comunes, en una ocasión diciéndole a una que parecía una “araña embarazada”.
Julissa, que era muy pequeña, acababa siendo el blanco de las burlas de Béla debido a su personalidad dulce y tímida. Se burlaba de ella por querer pasar el tiempo con su familia (recordemos que empezó a entrenar con él a los 10 años) y por ser “cobarde” al bloquearse antes de realizar ejercicios de extrema dificultad.

A mediados de 1987, cansada de los abusos de Béla, decidió cambiar de entrenador y acabó con Al Fong, cuyas gimnastas tenían las mismas ansias que Julissa por entrar en el equipo olímpico de 1988. En mayo del 88, unos meses antes de los Juegos, Julissa fue a Tokio a una competición internacional, donde se clasificó para la final de potro. A pesar de haber alcanzado llegar tan lejos, el potro era un elemento que a Julissa se le atravesaba, y eso lo sabían todos: la audiencia, sus compañeras, su entrenador Al Fong y su antiguo entrenador, Béla Károlyi.
La técnica de Julissa en el Yurchenko (un elemento muy complejo y peligroso) era muy “sucia” e inconsistente. Sin embargo, Al Fong la presionó para que incluyese este elemento en la final. Durante los calentamientos, el 5 de mayo, Julissa practicó el Yurchenko en el potro. Al hacerlo se tropezó y se golpeó fuertemente la cabeza, quedando paralizada de cuello para abajo. Fue hospitalizada de inmediato en un centro japonés, y sus padres volaron para verla.

En un accidente dramático, estando hospitalizada, su ventilador se desconectó. Debido a la falta de oxígeno, Julissa cayó en un coma del que no se despertaría jamás. Murió tres años después, a los 18, tras sufrir una infección que su cuerpo debilitado no pudo combatir. Christy Henrich era una gimnasta americana nacida en 1972. De gran talento y con expectativas para formar parte del equipo olímpico de 1988, era entrenada por Al Fong, el entrenador de Julissa Gómez en el momento en el que la gimnasta sufrió su lesión en el potro. A pesar de los éxitos que Christy llevaba a las espaldas, en 1989, cuando tenía apenas 17 años, un juez le dijo muy claramente que estaba bastante subida de peso y que debería adelgazar.
En la cultura de la gimnasia de los 80-90, en la que los cuerpos extremadamente delgados eran un requisito esencial (se prefería a las niñas muy jóvenes, en infrapeso), ese comentario fue el golpe final para Christy.
Christy, que ya había recibido muchos comentarios negativos acerca de su peso por parte de su entrenador, cayó en una espiral de odio y dietas extremas. Desesperada por conseguir el éxito, en especial ante la emergencia de chicas más jóvenes con ganas de triunfar, Christy utilizó las críticas para bajar más y más de peso.

Aunque Christy empezó a adelgazar para “salvar” su carrera, la anorexia la obligó a retirarse. Había acabado en un peso tan bajo, y tan exhausta, que competir le resultó imposible, y su propio gimnasio fue el que la “invitó” a irse. Christy nunca regresaría. En infrapeso severo, murió de fallo multiorgánico el 26 de julio de 1994. Tenía 22 años. Tras la muerte de Christy, varias gimnastas revelaron sus propios problemas con los trastornos de la alimentación. Gimnastas como Kathy Johnson y Cathy Rigby, que batallaron contra la anorexia y la bulimia.

Por primera vez se empezó a tomar en serio que competir en un deporte artístico, que da tanto peso a la apariencia física, te pone en riesgo de sufrir un trastorno de la alimentación, y se crearon varios programas para educar y concienciar a los entrenadores y a las atletas. Asimismo, se animó a las cadenas de televisión a no comentar los cuerpos o los pesos de las gimnastas. Los pesos también dejaron de mostrarse en pantalla (junto al nombre y la nacionalidad, por ejemplo) cuando una gimnasta salía a competir. Elena Mukhina era una gimnasta soviética, ganadora de la medalla de oro en el Campeonato Mundial de 1978, superando incluso a la icónica Nadia Comãneci. Aunque sus comienzos en el deporte no habían sido estelares, el éxito de 1978 la catapultó como la nueva gran promesa de la gimnasia soviética y los ojos del mundo estaban sobre ella.

En medio de esta presión, en 1979, Elena sufrió una rotura de pierna que le impidió participar en varias competiciones internacionales.
La recuperación de esta lesión, combinada con esa presión de mantener el éxito sorprendente que había conseguido, la empujó a querer dominar el salto de Thomas, un movimiento extremadamente difícil y peligroso que hoy en día está prohibido El futuro de Elena parecía estar encaminado a los JJOO de Moscú 1980. Su participación en ellos resultaría clave para la URSS. No sólo se esperaba que derrotase de nuevo a la histórica Nadia Comãneci; además, Elena no había renunciado a su estilo de gimnasia soviético: fuertemente inspirado por el ballet y con líneas muy expresivas, distinto del estilo más atlético que empezaba a emerger.

En un deporte en el que la innovación es constante, fue el propio entrenador de Elena el que la animó a intentar incorporar el salto de Thomas, que hasta entonces sólo se había visto en la competición masculina.
Elena, sin embargo, se mostraba escéptica. Era muy consciente de lo peligroso que resultaba el elemento, y de que el más mínimo fallo podía resultar en una lesión más grave que su pierna rota. Sin embargo, su entrenador insistió y la siguió presionando para que incorporase el salto de Thomas en sus rutinas.

A sólo un año de los Juegos, el entrenador de Elena la hizo retomar sus entrenamientos antes de haberse recuperado del todo de la fractura. Elena incluso le rogó a los médicos que no le quitasen la escayola, pero nadie le hizo caso, ni siquiera cuando Elena se quejó de que le costaba hasta caminar con soltura.
Tras realizar una radiografía, el equipo médico pudo ver con claridad que la fractura todavía no se había soldado. A Elena la llevaron a quirófano esa misma tarde.
En cuanto se despertó, su entrenador empezó a presionarla de nuevo, diciéndole que su reputación ya estaba dañada debido a su negativa a entrenar y que podía trabajar igualmente “con escayola”. Nuevamente, y en contra de la voluntad de Elena, los médicos le quitaron esa escayola antes de tiempo.
Elena no sólo tuvo que volver a entrenar, sino que la obligaron también a perder el peso que había ganado mientras estaba lesionada. Y en un tiempo récord. Todavía dolorida por su lesión, Elena desarrolló un miedo enorme al salto de Thomas, pero su entrenador le prohibió quitarlo de su rutina.

El 3 de julio de 1989, dos semanas antes de los JJOO, Elena se cayó practicando el salto de Thomas. Se golpeó en la barbilla, sufriendo además una fractura espinal que la dejó parapléjica. En sus palabras: “[mi lesion] fue un accidente que se pudo haber previsto. Era inevitable. Dije más de una vez que me rompería el cuello haciendo ese elemento. Ya me había hecho mucho daño otras veces, pero mi entrenador me contestó que la gente como yo no se rompe el cuello”.

Tras la lesión de Elena, su entrenador, Mikahil Klimenko, se retiró y emigró a Italia, donde murió de cáncer en 2007, a los 65 años.

La lesión de Elena fue uno de los muchos incidentes que causaron la prohibición del salto de Thomas en la competición femenina. Actualmente está prohibido también en la competición masculina.

Elena Mukhina trabajó como columnista en el Moscow News. Murió el 22 de diciembre de 2006, a los 46 años, por complicaciones de su lesión. Así que creo que la decisión de Simone Biles de poner antes su salud (física y mental) que las medallas es un gran paso adelante para este deporte. Durante muchos años se ha animado la narrativa de que el oro olímpico está por encima de todo, incluso la salud. Y no es así. No debería ser así. Las vidas de las gimnastas importan. La seguridad de las gimnastas importan.
Simone Biles ha tomado una decisión durísima y muy valiente en un deporte en el que un error pequeñísimo puede costarte una lesión grave. O la vida.

Los casos que os he contado son sólo algunos de los más graves y trágicos, pero en la gimnasia artística hay una historia bastante larga de enfermedades mentales, de lesiones que se podrían haber prevenido, de abusos y de carreras que se terminaron prematuramente. Si queréis saber más sobre el tema, os recomiendo muchísimo el libro Little Girls in Pretty Boxes de Joan Ryan, que examina los abusos y la presión de las gimnastas y las patinadoras en los 80 y 90. Otro libro imprescindible sobre la gimnasia (en este caso rítmica) y que no cuenta historias tan trágicas pero que sí muestra la dureza de los entrenamientos es Lágrimas por una medalla de nuestra olímpica Tania Lamarca, una de las niñas de oro de Atlanta 96. El tema de los abusos en el deporte me lleva acechando desde hace años, hasta que finalmente decidí escribir sobre él, en parte inspirada por los casos que se comentan en los libros de Joan y de Tania. El resultado es esta novela que saldrá a la venta el próximo 8 de septiembre🤍

De Andre Tome / Twitter

https://twitter.com/andreatome_/status/1400120055514476549
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