Dark Light

“Para quien tiene miedo, todo son ruidos”. Sófocles

Por Pedro Kuri Pheres

El gobierno de Estados Unidos, a través de su Departamento de Estado, elevó el nivel de alerta de viaje hacia Guerrero -junto con Michoacán, Sinaloa, Tamaulipas y Colima- por considerar que la violencia y los niveles de criminalidad ponen en riesgo a sus connacionales.
En la renovación de su sistema de información para viajeros, EU asestó a Guerrero y Acapulco una clasificación 4, el nivel máximo de alertas que es asignado también a naciones como Siria, Norcorea e Irak, cuya recomendación lacónica y determinante hacia sus ciudadanos es “no viajar” a esos lugares.
Advierte, inclusive, con tener una capacidad limitada para ofrecer asistencia diplomática en las zonas señaladas, en caso de alguna situación de emergencia.
La restricción de viaje bajo nivel 4 ya la aplicaba el gobierno estadunidense hacia todos sus empleados y esta vez, en pleno arranque de 2018, homologó con su sistema de alerta a viajeros.
Sobra manifestar indignación justificada por la clasificación que hace el vecino país desde una visión sesgada y parcial porque se percibe, además, como parte de la andanada de animadversión del presidente Donald Trump hacia todo lo que despida olor a México y de la política del temor que aplica Estados Unidos en momentos de crisis, como la que afronta actualmente por las desavenencias al interior de la actual administración, el escándalo con Rusia y la amenaza de disolver el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.
Ciertamente, nuestro país, nuestro estado y nuestro puerto enfrentan un problema de criminalidad desde hace más de una década que se torna irrefrenable. No admitirlo sería irresponsable y omiso. Sin embargo, es menester señalar que las acciones del crímen organizado no han alcanzado al turismo. De hecho, a diferencia de años anteriores, Acapulco no tuvo un blindaje militar y policiaco durante el periodo vacacional de invierno y algunos que le antecedieron. Fue perceptible una presencia menor de militares, marinos y policías federales y estatales a pie o en patrullajes, ante una inseguridad relativamente contenida.
El regreso de turistas extranjeros del norte del continente, así como la llegada de viajeros de otros mercados de América latina, es la muestra más palpable de que Acapulco y otros destinos turísticos de Guerrero como Ixtapa-Zihuatanejo o Taxco son confiables para los visitantes. Así lo denotan también las estadísticas de la presente temporada de cruceros, cuyo arribo incrementó significativamente en comparación con años anteriores, y a la fecha han arribado 13 navíos con pasajeros que se llevan una buena imagen del puerto para promocionarnos en sus destinos de origen.
Otra evidencia irrefutable de que Acapulco ofrece garantías de seguridad a sus visitantes es la recuperación de los vuelos directos procedentes de Los Ángeles, Estados Unidos, y Montreal, Canadá, y la confirmación de la ruta aérea Chicago-Acapulco.
Más allá de lo que su gobierno pudiese advertirles sin un análisis minucioso de la situación real de México -tan así que omitieron incluir a Los Cabos, Baja California, donde se desata una lucha cruenta también entre grupos del crimen  organizado-, los estadunidenses comprueban que existen condiciones para vacacionar en estas cálidas aguas.
Una vez afianzado el mercado naviero, las autoridades turísticas tienen el reto de ir tras segmentos que fueron ahuyentados de nuestras playas, como los springbreakers.
Y, en lo inmediato, tienen la  obligación de mandar un mensaje desde la Feria Internacional de Turismo (Fitur) que inicia el próximo miércoles en Madrid, España, con la participación de Guerrero, de que Acapulco y el estado gozan de una oferta viva para los visitantes y que la alerta de Estados Unidos no debe inhibir la llegada de turistas extranjeros porque, aquí, el clima y los atractivos son inamovibles frente a cualquier adversidad.

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acapulco.ok@gmail.com

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