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Esperanza / Por: Daniel Hernández

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En una conversación de trabajo una persona nos compartía una experiencia profesional suya, el tema que se trataba en la mesa era el de ajustarse a las nuevas circunstancias en una nueva etapa en el entorno laboral en el que se encontrában, le pareció importante hacerlo, nos dió como referencia que contaba con una nueva jefa y una nueva posición jerárquica, la idea que planeaban llevar a cabo en la atención a los ciudadanos que asistían a su oficina era que primordialmente al dar respuesta a una solicitud lo harían de un modo estrictamente ejecutivo, es decir, sin hacerlos dar tantas vueltas y haciéndoles saber si su solicitud era procedente, la intención era cambiar radicalmente la forma de trabajo en la atención ciudadana y ajustarse a lo que en su idea era mejor.

Dispuesto lo anterior se recibió al primer grupo de ciudadanos que hacían una solicitud formal de un apoyo, al leer el documento se dió cuenta que no era el lugar indicado para ser atendidos, así se los hizo saber, enfatizando que la intención era no hacerlos regresar por una respuesta que de antemano ya conocía, al hacerlo sintió una satisfacción de que les había ahorrado en gastos en seguimiento a ese documento, enorme su sorpresa cuando uno de ellos le espetó que mejor no les hubiera dicho nada, que aún cuando sabían que era cierto lo que les decía era mejor irse con la esperanza de qué tal vez se podría hacer algo, en lugar de irse con la idea de que no habían conseguido nada, ni siquiera la esperanza de que podrían volver por una respuesta incluso negativa.

Sin duda la sorpresa fue grande, pero la lección lo fue aún más, entendió la frase de “la esperanza es lo último que muere”, esperanza que puede ser el aliento que da vida podría también entenderse, y es que en muchas ocasiones es una dinámica de doble vía, en la que hay quienes necesitan tener algo en que creer, y del otro lado hay alguien, o algunos, que necesitan que el otro, o los otros, crean en algo, quedarse con tranquilidad.

Viene esto a nuestras actuales circunstancias, muchos queremos creer que pronto todo estará bien, para eso necesita seguirse un estricto proceso, pero hay otros más que necesitan saber qué ahora se está bien, unos con justificada razón pues en eso se les puede ir la vida y la de los suyos, pero otros lo requiere porque a lo largo del tiempo han decidió creer que para todo hay una justificación para no seguir procesos y períodos, y deciden por sí mismos creer en algo, es un anhelo que provoca enfocarse en lo que viene, no en lo que se esta o en lo que se estuvo.

Los procesos y acciones concretas y correctas son elementales para alcanzar un fin con resultados positivos, pero también hay quienes tienen largas listas de pendientes por hacer en base a los elementos que determinan tal o cual situación, si pasa esto haré aquello, si llega eso diré esto, suceso de condicionantes para accionar de un modo u otro. Entonces esto se convierte en una oportunidad para restar a los condicionantes y a encontrar justificantes, hay quienes los necesitan como oportunidad para llevarnos a pensar o actuar de un u otro modo, para eso tenemos que revirar y dar golpe de timón, si realmente queremos conseguir objetivos positivos para todos, las actuales circunstancias son ideales para eso y más aún, si no es así entonces sucederá que encontraremos la esperanza en datos y acciones que no dependen de nosotros, pero que nos permiten momentáneamente sentirnos que todo esta y estará bien, tal como cuando lo músicos tocaban mientras el Titanic se hundía, es pues la vida misma.

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