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Empresas, a su suerte / Por: Pedro Kuri Pheres

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En lo local, los gobiernos de Guerrero y Acapulco han anunciado medidas precisas para contener el impacto económico de la emergencia sanitaria por el coronavirus. Son propuestas loables en medio de los asomos de crisis, pero insuficientes ante el tamaño incalculable de la misma. Una de las industrias más afectadas por la pandemia es la turística: cierre de playas (una medida oficial en Guerrero desde el jueves pasado), cancelación de vuelos nacionales e internacionales y de cruceros programados durante un abril que se antoja eterno, y restricciones voluntarias de turistas a viajar. Es un panorama indeseable, doloroso, pero necesario para refrenar el avance del contagio del Covid19 en territorio regional y nacional. Al menos esa es la intención, en el corto plazo, con base en la experiencia de propagación del virus en otras latitudes.

Los estímulos fiscales, las condonaciones y las prórrogas en pagos impositivos a los empresarios por parte del gobierno estatal y el Ayuntamiento de Acapulco servirán, sin duda, aunque la dimensión de la problemática achique la buena intención por apoyar a la iniciativa privada a sobrellevar el impasse económico indefinido.

Desde el gobierno federal, no obstante, se arremete con inquina infundada contra quienes generamos más del 72 por ciento de los empleos formales a nivel nacional, en momentos donde se requiere, sin fobias ni filias partidistas o ideológicas, de la solidaridad y la empatía por los momentos de emergencia.

El Covid-19, exportado al mundo desde China, no fue creación de los empresarios, de los conservadores, de los tecnócratas ni de la derecha en México. El sector patronal, desde el inicio de la fase de alerta 1 por el coronavirus, ha mostrado sin titubeos su disposición de colaborar con la Presidencia de la República al aceptar los cierres parciales y totales de negocios, y emprender esfuerzos para sostener a la base laboral, pero la reciprocidad del presidente Andrés Manuel López Obrador, ni con la contingencia ahogando la economía, no ha sido similar a la respuesta empresarial.

El jueves, en Palacio Nacional, López Obrador bateó, sin más, una propuesta del Consejo Coordinador Empresarial (CEE) para mitigar el impacto del coronavirus en la economía durante los próximos tres meses y se mantuvo firme en rechazar cualquier posibilidad de apoyos fiscales.

Estamos frente a una de las peores crisis mundiales desde la Segunda Guerra Mundial, según la Organización de las Naciones Unidas, y nuestra nación ni ninguna otra están exentas de sus efectos. Es por ello que, percibiendo a distancia el olor a muerte y devastación, el sentimiento de unidad en México debe envolver a autoridades y sociedad en general para consolidar un frente sólido que permita sobrellevar los estragos del paso del coronavirus y propiciar una recuperación inmediata de la economía.

Ante la catastrófica pandemia, no son tiempos de mezquindades. Someter a las empresas por la vía fiscal sería un yerro descomunal y un despropósito de la Cuarta Transformación que ha trazado como una de sus prioridades el empleo. Sin la iniciativa privada, la recaudación se desploma -aunque el presidente maneje “otros datos”- junto con la intención del gobierno federal de mantener de pie a México tras la devastación de una pandemia que se advierte interminable.

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