Dark Light

Sentarse a leer un libro o cualquier otro material mientras otra persona, discreta o indiscretamente, se asoma para también leer lo mismo sin que se haya compartido la experiencia sin duda se convierte en un momento de incomodidad para cualquiera, no se diga un diario en donde se plasme el día a día no solamente de la actividades sino de lo que pueda resultar lo más íntimo. En la actualidad el principal aporte de nuestras lecturas son los dispositivos electrónicos móviles o no, sensación similar significa que alguien husmee sin que así se le haya permitido mientras los utilizamos.

Es una invasión a la privacidad que puede generar una incomodidad que despierte muchas interrogantes, cómo el ¿porqué lo hacen si no lo hemos consentido? pero hay otro punto que también se debe cuestionar, ¿y si se lo consentimos o autorizamos, hasta dónde está bien que lo hagan? Estamos hablando de una interacción entre personas, pero estos últimos días se ha vivido una serie de cuestionamientos similares a nivel tecnológico, a la comunicación y retroalimentación de conocimiento que desarrolla la humanidad a nivel mundial desde ya muchos años, el uso de plataformas para ese fin, en específico hablaremos esta ocasión de WhatsApp.

De una amplia diversidad de plataformas de comunicación la aplicación propiedad de Mark Zuckerberg, dueño también de Facebook e Instagram, es la más utilizada, más de 2,000 millones de usuarios en el mundo. Sin duda muchas características le llevaron a conseguir esos números y ser tan popular en tantos países, a excepción de Estados Unidos, destaca que en un tiempo existía un elevado cobro por el uso de mensajería de texto de las compañías telefónicas, razón que llevó a encontrar formas de mensajear sin pagar preferiblemente.

La aplicación, como en su momento la plataforma de BlackBerry, ofrecían la posibilidad de hacerlos utilizando la red de internet que proporcionaba de manera ilimitada su uso. Poco a poco se fueron ofreciendo características atractivas para los usuarios al momento de utilizarlas, sumando a estas la posibilidad de sentirse seguros al intercambiar información. Su uso se volvió cada vez más popular, pero hubo quienes a veces desde el anonimato o a través de organizaciones no gubernamentales buscaban advertir del problema que podría significar su uso masivo en la creencia que al hacerlo era de manera gratuita.

“Gratis” sin duda es una termino atractivo, no solamente en esta aplicación, también en muchas otras, en un principio buscaron que su desarrollo y uso se diera bajo las condiciones apropiadas de gratuidad, incluso sus creadores al venderla al dueño de Facebook lo hicieron pidiendo que continuara de esa manera. La duda que surgió en estos días en que actualizó sus términos y condiciones es si continuaba siendo una aplicación que proporcionaba sus servicios de manera gratuita y tal como lo habían solicitado los creadores al momento de venderla a una empresa que monetiza los productos que oferta, la mayoría de sus usuarios aceptó sin leer dichos términos y condiciones, después llegaron los cuestionamientos y las medidas que se consideraron correctivas, la principal fue la migración a otras aplicaciones o plataformas, Telegram fue la primera opción y se descubrieron e incluso reutilizaron otras que estaban en el olvido para la mayoría de los usuarios en casi todos los países.

Ha sido de tal grado los cuestionamientos que se dieron a dicha aplicación, así como un alto porcentaje de usuarios cambiando a otras aplicaciones, que en estos últimos días WhatsApp se dió a la tarea de informar, a modo de resarcirse, que las características que la habían hecho tan popular aún se mantenían, pero el daño ya estaba hecho, algo difícil de recuperar es la confianza. En Europa desde hace algunos años se trabaja para que el factor confianza entre consumidores y proveedores de servicios a través de internet se dé en forma recíproca, área de oportunidad para otros continentes y países.

La gratuidad en cosas que ofrecen las empresas y que signifique una verdadera utilidad en la mayoría de las ocasiones generó un costo que viene incluido en el mismo ofrecimiento, a valores entendidos del término costo-beneficio. Las redes sociales, páginas de internet o plataformas que nos ofrecen sus servicios de manera gratuita lo hacen con un fin comercial, al menos que se trate de alguna organización sin fines de lucro o con un objetivo de interés social común. Si un producto es gratis eso tiene un costo, tal vez es que el producto seamos nosotros y lo gratis podría salir caro, considerémoslo pues es la vida misma.

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