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¿Cuánta sangre más? / Por Pedro Kuri Pheres

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Los contrastes de Guerrero son históricamente ofensivos. Con casi 4 millones de habitantes, sus siete regiones económicas comparten un común denominador: rezago. Ninguna, ni Acapulco, está exenta de pobreza extrema y alimentaria. Ni qué decir de La Montaña, una zona bendecida por su riqueza natural pero marginada del desarrollo.
Somos, junto con Oaxaca y Chiapas, un cinturón de miseria plagado de políticas públicas anacrónicas e inservibles. De otro modo no estaríamos en la cola de la educación y la economía nacional.
Esa realidad es bien sabida por el presidente Andrés Manuel López Obrador. No podría eludirla quien se ufana de conocer cada rincón del país, a pie tierra, y de tener aquí uno de los bastiones más importantes de su movimiento político en el país.
Guerrero es, pues, lopezobradorista. Y no de ahora.
Por eso, con toda la autoridad que se puede conferir a una persona en México, extraña su falta de reciprocidad hacia esta entidad que ha aportado sangre a la lucha de la izquierda ideológica y partidista en busca de revertir las injusticias sociales que nos identifican. La violencia, por ejemplo, tiene que ver con una desatención ancestral a la pobreza y sus causas. De ahí que el crimen organizado aproveche la necesidad de mejores condiciones de vida para reclutar a campesinos en campos de amapola y marihuana, y a jóvenes como distribuidores de droga al menudeo y sicarios.
Por todo lo expuesto, apenas un rasgo de nuestra ancestral marginación, resulta pasmoso que el presidente, a través de la Secretaría de Hacienda y  Crédito Público (SHCP), planteen en su Paquete Económico 2020 reducciones a las participaciones federales hacia Guerrero en términos reales. Si bien se reflejan aumentos en los ramos 28 y 33, estos se contraerán conforme la inflación alcance -o rebase- el índice previsto el próximo año.
Limitar el flujo de recursos económicos a esta entidad puede detonar esos movimientos sociales pasivos que en su momento buscaron el camino de las armas, algo indeseable en momentos donde se busca infructuosamente alejar la sombra de la violencia.
Un castigo más a Guerrero y a otras entidades con la misma vocación económica es la disminución significativa al presupuesto al turismo, antecedido por un desmantelamiento de la estructura-estrategia turística nacional que implicó la desaparición del Consejo de Promoción Turística de México (CPTM).
Por si no fuera suficiente, Guerrero es excluido de los grandes proyectos del Plan Nacional de Desarrollo y se le retiró la posibilidad de detonar un polo de desarrollo en la región Costa Grande mediante la supresión de las Zonas Económicas Especiales.
Ni el campo guerrerense ha sido tocado por la voluntad benefactora de la Cuarta Transformación, cargada en los programas asistenciales insignia de esta administración que afianzan votos y capital político, al aplicar un Programa de Fertilizante Gratuito selectivo que no cubrió la demanda estatal.
Los aires transformadores no soplan hacia este rincón suriano que, pese al olvido de un gobierno que se presenta comprometido con las causas sociales, seguirá sobreviviendo y adaptándose a las coyunturas  políticas en espera de un freno a la pobreza, la marginación y la muerte.

Pedro Kuri Pheres en Facebook
@pedrokuripheres en Twitter
acapulco.ok@gmail.com

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