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CAPAMA: el monstruo de mil tomas / Por Pedro Kuri Pheres

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La crisis de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado del Municipio de Acapulco (CAPAMA) no es inédita. Su deterioro financiero, técnico y administrativo durante las últimas décadas ha sido grotesco, por decir lo menos, gracias a las malas decisiones que pervirtieron la esencia noble de ese organismo como proveedor de un servicio público vital, hasta convertirlo en botín político y otrora «caja chica».

Hoy, saqueada y con una nómina ominosa, la CAPAMA es una bomba de tiempo que amenaza con estallar las finanzas municipales y propinar un golpe de ariete a la infraestructura hidrosanitaria.

Innumerables propuestas e iniciativas para «sanear» a la CAPAMA, desde una eventual privatización hasta la intervención del gobierno federal mediante la Comisión Nacional del Agua (Conagua), no han logrado aterrizar, ni cerca, en el terreno de la viabilidad.

CAPAMA, sin embargo, es elemento inamovible en las plataformas de candidatos a cargos de elección popular y en el discurso de los gobernantes en turno porque el abasto de agua resulta lucrativo en el mercado electoral.

En contraste, jamás ha sido eje prioritario de las políticas públicas municipales dedicadas a revestir el paso de cada gobernante con obras y acciones «estéticas» que buscan dejar un sello para utilizarse a conveniencia en los caminos aspiracionales.

El desdén por invertir en trabajos de mantenimiento, rehabilitaciones y obras de infraestructura de agua tiene que ver con que estos son subterráneos e imperceptibles a la vista del elector. Y aunque su rentabilidad política es limitada, se trata de las acciones más urgentes ante un sistema hidrosanitario vetusto que se desmorona bajo calles y avenidas con reparaciones y parches deficientes.

Y al paso de los años, las alternativas para poner orden en el organismo se han reducido porque las fórmulas aplicadas por cada administración municipal son experimentales, a falta de conocimiento técnico y financiero entre las personas designadas como parte de su estructura directiva.

Para sanear a la CAPAMA, de entrada, es necesario purgar al organismo. Su aparato burocrático es tan costoso e innecesario que limita su funcionalidad, como consecuencia de su conversión, de “caja chica”, a agencia de colocación de personas recomendadas de cada alcalde en turno. Así, CAPAMA destina actualmente gran parte de su presupuesto a costear una nómina abultada, mientras el desabasto de agua es un calvario para la mayoría de las colonias del municipio y las fugas constantes provocan el desperdicio de miles de litros del líquido.

A la par, eroga fuertes sumas a dinero para mitigar una deuda impagable a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) que también representa otra amenaza al correcto funcionamiento del sistema de bombeo y distribución de agua.

La reciente separación de todo el cuerpo directivo de la CAPAMA ordenada por la alcaldesa Adela Román para investigar su mal funcionamiento y las causas de las descargas de aguas residuales al mar tiene un propósito político consustancial, más que una intención decisiva de revertir todos sus males ya sabidos.

El Ayuntamiento no puede darse el lujo de seguir probando posibles soluciones en la conducción del organismo. La amenaza de su colapso es cada vez más cercana y supondría una catástrofe inconmensurable para una ciudad que aspira a la igualdad social sin rezagos y a consolidar una imagen turística limpia, en tiempos donde la salud se ha tornado una prioridad.

Liberar a la CAPAMA de su agonía es posible, si las designaciones y decisiones en torno a su funcionamiento se desprenden de todo sesgo político.

Pedro Kuri Pheres en Facebook

@pedrokuripheres en Twitter

acapulco.ok@gmail.com

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