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Atizar la marginación / Por Pedro Kuri Pheres

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No existe antecedente en el pasado reciente de México sobre alguna política pública que haya resultado la panacea en materia económica y social.
Podemos enumerar una serie de programas lanzados en cada sexenio con el ánimo de abatir la pobreza y detonar el desarrollo económico, como Solidaridad en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari o Prospera en la reciente administración de Enrique Peña Nieto, sin que sus alcances se reflejen en una nación más próspera y pujante.
Sin embargo, la eficacia de estos no ha sido truncada por asuntos de planteamientos, objetivos o presupuestos. Más bien, además de resquicios que han permitido diversas irregularidades y corrupción, su falta de resultados tiene que ver con la periodicidad.
Es común que cada presidente intente dejar un sello de su gestión -algo muy marcado a partir de la alternancia partidista en Los Pinos a partir del 2000- y sus sucesores detengan la maquinaria de la administración pública federal para hacer ajustes drásticos de fondo y forma, y empezar de cero. Es una realidad que seis años resultan insuficientes para revertir décadas de rezago.
Lo sano para el país, por ello, sería retomar acciones y programas con resultados exitosos para alcanzar los objetivos trazados, dejando de lado filias y fobias partidistas.
Un yerro costo de esta Cuarta Transformación, por ejemplo, es la desaparición de las Zonas Económicas Especiales, una estrategia impulsada por el gobierno de Peña Nieto de alcances transexenales que buscaba impulsar la economía regional en algunas entidades con potencial de desarrollo industrial.
Guerrero estaba incluido en ese programa junto con Michoacán. El proyecto de Puerto Lázaro Cárdenas pretendía arraigar inversiones diversas en esa área michoacana y el municipio de La Unión, en la región de la Costa Grande de nuestro estado.
Para Guerrero, la decisión de Andrés Manuel López Obrador, tajante y sin argumentos, implicó la pérdida de inversiones proyectadas de forma inicial por más de 2 mil millones de dólares.
De acuerdo con la Secretaría de Fomento y Desarrollo Económico del gobierno estatal, se trataba de tres empresas con acercamientos y acuerdos previos para inyectar su capital en esa región y, en consecuencia, fomentar la generación de empleos y desarrollo social.
La determinación no solo causó la pérdida de inversiones, sino que ahuyenta la intención de futuras inversiones ante la falta de garantías de la autoridad federal para mantenerlas.
Algo similar, aunque de mayor alcance por las obras desarrolladas y las millonarias inversiones, ocurrió en Texcoco con la cancelación del proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de México.
El país no puede estar sujeto a decisiones presidenciales drásticas, que se perciben más bien como exabruptos, bajo el argumento de que la política neoliberal no se ajusta la nueva realidad en México.
La economía nacional se mantiene en un punto crítico por la incertidumbre internacional y nuestra dependencia al comportamiento de nuestro vecino del norte con respecto a la política de su Reserva Federal y la volatilidad del dólar.
Aunado a ello, las nuevas condiciones impuestas por el gobierno de López Obrador en materia de inversión y su ambivalente relación con la iniciativa privada ponen en vilo a un país ávido de estabilidad y certidumbre económica para alejar la sombra de la delincuencia como alternativa de ingresos inmediatos.

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@pedrokuripheres en Twitter
acapulco.ok@gmail.com

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