Aún no entra la canícula, el periodo más caluroso del año, y la temperatura en Acapulco y Guerrero es desquiciante. Pero el clima político y social resulta más sofocante.

Desde la semana pasada, campesinos de distintas regiones del estado han paralizado carreteras y oficinas gubernamentales ante la desesperación manifiesta por el notable retraso en la entrega del fertilizante para cultivo de granos básicos, principalmente maíz.

El malestar radica en que la temporada de lluvias inició hace más de un mes y en algunas zonas, principalmente en la Sierra y La Montaña, estas caen oportunamente sin que puedan ser aprovechadas para la siembra.

El gobierno federal, que asumió el control y operación del programa de fertilizante gratuito a partir de este año, justifica la retención de los paquetes de fertilizante arguyendo una revisión exhaustiva de los padrones de beneficiarios para garantizar que el abono llegue a los verdaderos agricultores. La Secretaría de Agricultura y Ganadería del gobierno de Guerrero tiene otra versión: los encargados del programa incurren en abiertas irregularidades. De hecho, sostiene que los padrones ni siquiera están concluidos en su totalidad y, por tanto, no se pueden emitir los vales que serán canjeables por los paquetes de fertilizante.

Sin ahondar más ni achacar responsabilidades, el presidente Andrés Manuel López Obrador argumenta que el retraso tiene que ver con obstáculos y resistencias al cambio ante el nuevo esquema de operación y distribución del abono.

Lo cierto es que, independientemente de las verdaderas causas del retraso, se detonó una inconformidad pasiva que amenaza la paz social del estado, como lo advirtió recién el gobernador Héctor Astudillo Flores.

Otro de los efectos de ese conflicto no dimensionado aún es la inhibición de turistas. Los bloqueos carreteros ahuyentan la intención de viaje de potenciales visitantes que optan por no entramparse en manifestaciones sobre la autopista del Sol, epicentro clave de las movilizaciones.

Entonces, además de causar un daño a la producción de maíz y frijol -en su mayoría para autoconsumo-, el retraso del programa de fertilizante trastoca la actividad turística, uno de los pilares económicos más importantes de esta entidad, en un momento decisivo para Acapulco y los destinos guerrerenses por el periodo vacacional de verano en puerta.

Con el entorno actual, el mensaje nada conveniente enviado al mercado turístico es de incertidumbre y de falta de garantías para el libre tránsito.

Por ello, el gobierno federal debe actuar con prontitud para iniciar la distribución del insumo agrícola y enviar a los campesinos a sembrar, en lugar de bloquear y tomar carreteras.

Por otro lado, el Ayuntamiento de Acapulco gesta otro conflicto igual de preocupante para el turismo: el paro de labores de trabajadores municipales que cumplió una semana sin ningún acuerdo hasta el cierre de esta edición, paralizando, de tajo, la operación de servicios públicos básicos como la recolección de basura, la limpieza de calles, la distribución del agua. 

No estamos en un momento económico pujante en el país como para perder ingresos necesarios en el periodo vacacional que se avecina, a consecuencia de disputas y necedades políticas.

Es menester generar condiciones para que los vacacionistas disfruten de una temporada de verano placentera o estaremos ante un escenario indeseable después de agosto, cuando atravesemos el trimestre que históricamente registra los niveles de ocupación hotelera y afluencia turística más bajos de cada año, aunado al periodo de lluvias que también impacta en la actividad.

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