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No se deberían depositar todas las esperanzas en que la vacuna va a solucionar todo, si se quiere cantar victoria hay tareas que se deben cumplir día a día para lograrlo y salir adelante,

Desde el primer día en que se inició con el autoconfinamiento establecido, como medida sanitaria primordial para detener los efectos negativos de la pandemia que vivimos, se empezó a extrañar lo que hasta esa fecha la humanidad consideraba como normalidad cotidiana. Después de varios meses, casi un año en nuestro país, se ha convertido en un anhelo que aumenta cada vez más.

Pero habría de preguntarse con detenimiento a que se refiere el anhelo de volver a la normalidad. Se pueden incluir muchos aspectos, los principales serían los económicos y sociales, que enmarcarían situaciones como desigualdades, violencia, contaminación, estrés, convivencia con nuestros seres queridos, por citar algunos ejemplos negativos, superar las secuelas generadas por el encierro, tocar y abrazar a los nuestros serían entre otros los positivos. En los últimos días un factor nos da una muestra de lo que sería o será volver a la normalidad, la aplicación de la vacuna en sus diferentes versiones contra el virus que ha provocado la pandemia.

Los países que cuentan con las posibilidades, como normalmente sucede,  están trabajando en la vacunación de forma unilateral de sus ciudadanos, es decir sigue sin haber apoyo multilateral de los países del orbe, cada nación está viendo por sí mismos, sin darse cuenta que pueden vacunar a todos sus ciudadanos, pero al no permitir que se avance al mismo ritmo en el resto de los países se corre el riesgo de que el virus muté.

En las colonias y calles de pueblos y ciudades vemos a personas que no se preocupan por los demás, de diferentes maneras, al omitir el uso del cubrebocas, al no respetar la sana distancia social, al revelar su negación a vacunarse, al no quedarse en casa, la falta de solidaridad en muchos otros temas, uno de ellos es el de la violencia en los hogares contra mujeres y menores de edad. Cabe aclarar que hablamos de muestras y no de generalidades, pues hay quienes aportan lo necesario para superar esta crisis humana.

Es tiempo de preguntarnos si hemos dejado atrás la normalidad que conocíamos, con todos los negativos que pudieran incluirse, pues se va desgastando el espíritu solidario, el apoyo entre vecinos y amigos, el cuidado comunitario, la claridad del valor del aislamiento. Aunque la humanidad hasta ahora ha demostrado una gran solidaridad se debe seguir trabajando en acciones adecuadas hoy para hacer realidad el futuro que anhelamos.

No se deberían depositar todas las esperanzas en que la vacuna va a solucionar todo, si se quiere cantar victoria hay tareas que se deben cumplir día a día para lograrlo y salir adelante, consideremos la gran posibilidad de que la normalidad que anhelamos sea una nueva realidad en la que haya muestras fehacientes de un crecimiento y mejora en todos, de otra forma el deseo se hará realidad y volveremos a la normalidad, es la vida misma.

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