Cada tercer día un buque cisterna cruza la bahía imponente y seguro en línea recta hacia su destino, confiado en el volumen y altura propios de su enorme tamaño. Sin embargo, conforme se aproxima a su destino, reduce su velocidad hasta detenerse por completo. En ese punto, una pequeña barcaza se aproxima, se le pega por un extremo y lo empuja hasta darle la vuelta. Ya girado 180 grados, el barco se mueve en reversa para acomodarse en su punto final.
La escena me resulta figurativa de lo que está sucediendo en el país. No cabe duda de que Andrés Manuel López Obrador tiene un poder mayoritario ganado por un trabajo persistente de años, y por ser el catalizador del descontento social acumulado durante décadas entre los mexicanos. Poder ejecutivo, legislativo y popular son suyos.
Debe considerar también que una cosa es navegar en alta mar donde con su gran volumen uno puede maniobrar a placer sin golpear ni atropellar pequeños navíos o incluso personas, y otra muy distinta navegar en una bahía circundada por naturaleza, vida, leyes, factores de mercado y grupos de interés.
Aterrizar los grandes temas del país necesita la colaboración de todos.
Primero los pobres, totalmente de acuerdo; somos un país que ha acumulado injusticias hasta lo inhumano y combatir la pobreza en serio debe ser prioridad.
Pero no será un buen proyecto de nación si se excluye a la clase media, a los ricos, a los empresarios, a los capitales internos, a los externos y a otros grupos que con todo y que no le gusten sus modos al presidente, son parte del engranaje de este país. Todos somos mexicanos con derechos y necesidades, y por fuerza el proyecto debe ser incluyente.
Simplificar es una regla necesaria para hacer buena propaganda, pero no para gobernar.
No todos los ricos son malos; hay matices entre el capitalismo salvaje, el financiero, el industrial o el humanista. Y no todos los pobres son buenos: los hay trabajadores y honestos, pero también oportunistas y corruptos.
Todos merecen atención. Mientras más incluyente e integral sea el proyecto, mejores posibilidades tendrá de lograr sus metas, que en buena medida son las de todos los mexicanos.
Es López Obrador la persona más mediática del país. Su proyecto, trayectoria y dominio de las técnicas propagandísticas le han dado un gran poder. Ese es el poder que debe autorregular, porque hasta el buque más fuerte y poderoso, suele necesitar de una pequeña barcaza para maniobrar mejor.

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