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Adaptarse o morir / Por Pedro Kuri Pheres

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La pesadilla del Covid-19 debe entenderse ya como una realidad de la que no vamos a escapar, a menos que exista una cura para frenar su expansión.
Ningún rincón de Guerrero, de México ni del mundo está exento del virus ni de los rebrotes del mismo. De hecho, las condiciones socioeconómicas de nuestro territorio dificultarán la posibilidad de lograr una «meseta» prolongada en el comportamiento de contagios y decesos del nuevo coronavirus en el mediano plazo. Por el contrario, habrá picos en la tendencia de la enfermedad porque la movilidad tras un encierro igual de enfermizo es inevitable.
Además, no habrá estrategia efectiva para detener a cientos de miles de personas obligadas a trabajar o simplemente expulsadas de sus hogares por el hartazgo del confinamiento.
Eso explica el hecho de que el 36 por ciento del número de casos acumulados en Acapulco desde el inicio de la pandemia se generó tan solo en los últimos 15 días, es decir, a partir de la reapertura de las playas, de espacios públicos y de la infraestructura turística.
La nueva normalidad representa, pues, una fase de adaptación para que la sociedad aplique las medidas preventivas básicas como el lavado de manos, el uso de cubrebocas y de gel antibacterial, y mantener la sana distancia en espacios públicos.
La contingencia nos obliga a todos como sociedad a adoptar estas nuevas formas para el desarrollo de nuestras actividades cotidianas, tanto esenciales como las que no lo son, considerando que este mal es parte de esta nueva era.
Así funciona hoy la reapertura de Acapulco como ciudad y destino turístico, donde la autoridad permite la operación parcial de hoteles, restaurantes, comercios y plazas, a condición de aplicar estrictos protocolos de prevención de contagios que los empresarios deben costear para comenzar a recuperar las pérdidas generadas desde la declaratoria de emergencia sanitaria.
Como acapulqueños, la contingencia también nos demanda responsabilidad extrema para evitar el temido semáforo rojo, y eso sólo podrá lograrse manteniendo una movilidad responsable, ordenada y regida por el cuidado personal y familiar mediante la prevención básica ya referida.
También corresponderá a nuestras autoridades garantizar una atención hospitalaria adecuada y con capacidad suficiente para no saturar el sistema de salud, uno de los principales factores que rige al semáforo de riesgo sanitario.
Es momento de abrir las puertas al turista, con sana distancia, y apelar a su contribución para mantener lo más aséptico posible este destino, a fin de no paralizar más la economía estatal.
Son momentos aciagos y los meses por venir -septiembre, octubre y noviembre- significan de por sí una merma para el sector turismo cada año. Si se logra alcanzar el semáforo amarillo de riesgo sanitario en octubre, no obstante, la Secretaría de Turismo federal previó que la temporada vacacional decembrina pueda salvarse para tener un cierre de año menos drástico.
Por ello, no conviene desacatar las recomendaciones de autoridades de Salud en ningún momento.
Durante los siguientes días, Guerrero y sus 81 municipios, incluido Acapulco, se mantendrán en semáforo naranja por tercera semana consecutiva para mantener vigente la llegada de visitantes con las restricciones establecidas.
Se trata de una decisión acertada de los gobiernos federal y estatal porque retomar el encierro social para frenar la propagación del virus, además de indeseable, sería el tiro de gracia para la agónica economía de Acapulco.

Pedro Kuri Pheres en Facebook
@pedrokuripheres en Twitter
acapulco.ok@gmail.com

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