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Acapulco, rehén de la política / Por Pedro Kuri Pheres

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En política, con todo y sus problemas, Acapulco no deja de ser la “joya de la
corona” de Guerrero. De aquí han surgido gobernadores, líderes nacionales de
partidos, senadores, diputados federales y funcionarios de alto nivel en la
administración pública porque gobernar este municipio es, en automático, una
catapulta.
Además, por su mera condición turística, la imagen del puerto está posicionada en
cualquier latitud: lo mismo como sede del Abierto Mexicano de Tenis o de otros
eventos internacionales, pero también como escenario de las pugnas más cruentas
del crimen organizado que, afortunadamente, se han disipado.
El amplio reflector sobre Acapulco ha sido aprovechado para ejercer acciones de
presión política en contra de autoridades, tanto locales como estatales, en busca
de soluciones a demandas diversas. No tiene el mismo efecto paralizar con
bloqueos y marchas a los municipios de Coyuca de Benítez o Zumpango, que a
Acapulco.
Como corazón económico de Guerrero, afectar a Acapulco implica extender el daño
hacia toda la entidad. Por ello aquí hemos visto desfilar las movilizaciones más
radicales de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de la Educación de Guerrero
(CETEG), de los estudiantes de la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa,
de transportistas organizados, de campesinos y, también, de empleados públicos y
privados.
Las últimas dos semanas, a la par de la reapertura turística bajo la nueva
normalidad, Acapulco vivió una de las jornadas más caóticas y riesgosas de lo que
va de 2020, en momentos donde el número de contagios por Covid-19 sigue en
aumento y la asfixia económica por la pandemia hace apremiante recibir al turista
con un destino limpio, seguro y tranquilo.
Obviando la cordura y todas las recomendaciones sanitarias ya sabidas como la
sana distancia o el uso de cubrebocas, trabajadores sindicalizados del
Ayuntamiento -que permanecían confinados en sus domicilios con paga quincenal
asegurada- decidieron que era momento propicio para salir a las calles y reclamar
al gobierno municipal exentarlos del Impuesto Sobre la Renta (ISR) en su prima
vacacional, mediante una bonificación a ese descuento que aplica a todo
trabajador, sin excepción.

Mientras mantenían bloqueadas la avenida Cuauhtémoc y la Costera Miguel
Alemán, en otros puntos también se manifestaban prestadores de servicios
turísticos que, en contraste con los privilegiados empleados municipales, dejaron
de percibir un ingreso desde marzo pasado en que se declaró la emergencia
sanitaria.
Es por eso que la actitud de los sindicalizados resultó insensible y egoísta cuando se
intenta poner de pie al puerto, tras el embate de una crisis sanitaria que aún no
termina. Y es que, además de su injustificada demanda, las protestas denotaron
tintes políticos ante el periodo electoral anticipado rumbo al 2021.
Acapulco ya no resiste más. La ciudad no puede ser rehén de causas políticas ni
sociales que sólo beneficien a unos cuantos, al calor de la efervescencia electoral.
En estos momentos complejos, la causa general que debe concitarnos como
acapulqueños es el turismo, y para ello requerimos ofrecer un destino libre de
acciones que empañen su imagen y funcionamiento como destino vacacional.
La presente incertidumbre debe alentar el espíritu de unidad y solidaridad en torno
al producto del que dependemos todos los guerrerenses: Acapulco.
Pedro Kuri Pheres en Facebook
@pedrokuripheres en Twitter
acapulco.ok@gmail.com

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