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Acadrone y el artista desde el cielo de Acapulco

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Desde lo alto las cosas se ven diferentes, se aprecian espacios, formas, sombras y cosas de las que nunca antes te habías percatado de su existencia, esa es parte de la filosofía de Jorge Eduardo Castañón Godínez, arquitecto de profesión y fotógrafo de corazón.

Jorge, 100 por ciento acapulqueño, inició con la fotografía hace cinco años, como una forma de expresión artística y de hobby, confiesa en entrevistas con Síntesis, y hace tres compró su primer dron.

Con las primeras imágenes se dio cuenta que lo mágico de ellas no podían quedar solo para él, debía compartirlas con todos y así creó AcaDron, ahora con miles de seguidores en Twitter, Facebook e Instagram.

Desde la mesa de algún café de la franja turística, Jorge Eduardo aún recuerda cuando recibió su primer dron, y fue entonces que comenzó a tomar gráficas desde el cielo del puerto de Acapulco, enamorándose cada vez más de sus playas, sus calles, su gente y sus atardeceres.

“Vi el dron y comencé a ver las tomas interesantes que se habían. Ya me gustaba la fotografía, tenía mi cámara pero las fotos eran solo para mí y las ponía en mi Facebook, me di cuenta que la gente le gustaba. Aquí en Acapulco hay mucho para fotografías, las playas, los atardeceres”.

“Vi que era una forma de promocionar el puerto, muchos de mis amigos las compartían. Mucha gente, los que vivimos aquí no parecíamos lo que tenemos, no lo valoramos”, dijo.

Jorge Eduardo se fue desde los 14 años a vivir a Toluca, en Estado de México, en donde permaneció por 25 años; allá formó gran parte de su vida.

“Cada vez que venía no me quería ir. Siempre en la playa porque mi papá era lanchero. Mis papás tienen una historia muy bonita, se conocieron en un orfanato, llegó huérfana con ocho hermanos más chicos que ella (…) se conocieron, ahí se casaron”.

“Mis papás nos dieron educación, nos apoyaron. Nos educaron con esos principios, aportar y ser felices”, recordó con nostalgia.

Con tres hijos, ya adultos, Jorge regresó al puerto, se instaló como arquitecto y decidió darle un giro a su vida: hacer lo que ama, disfrutar de las playas, de su compañero Filipo, un labrador chocolate de 1 año y 4 meses e ir a jugar futbol con sus amigos.

“A mis amigos siempre les enseñaba fotos de Acapulco y se quedaban maravillados, estoy hablando a principios del 2000, ahora con las redes es más fácil conocer lugares. Pero vivir aquí, en Acapulco, es de afortunados, mucha gente trabaja todo un año para venir, nosotros tenemos la playa todo el año”, señaló.

Aunque el dron pareciera ser un juguete, se tiene reglas que seguir.

El aparato que manera Jorge Eduardo es de uso recreativo, sin embargo, se debe utilizar con seguridad para evitar provocar algún accidente.

“El aparato es costoso, es fácil su manejo pero no es un juguete. Procuro nunca perderlo de vista, se debe volar en cielo abierto, que no haya cables, árboles. Tiene sus procedimientos, el que yo tengo se puede volar a 5 kilómetros, todavía no está muy regulado su uso”, explicó.

Filipo, la playa y el dron

Jorge procura cada fin de semana llevar a Filipo, su perro, a la playa, y con ellos su dron, incluso siempre lo lleva en su auto porque “nunca se sabe cuando se puede hacer una foto”

“Llevo una vida muy tranquila, hago lo que me gusta y la fotografía y mi dron siempre están conmigo”.

La primer fotografía que tomó fue en el área de La Playita, y ahora toma en cuenta las recomendaciones de sus seguidores en las redes sociales; aunque confiesa que su lugar preferido para fotografiar es en el área de Tres Vidas.

Todos los videos que ha guardado desde su dron han conformado una gran biblioteca de imágenes de Acapulco, desde Barra Vieja hasta la laguna de Coyuca.

“Me felicitan, me piden que no deje de hacer las fotos y eso es bonito, se siente bonito. Hay más páginas, pero lo mío es más enfocado al arte, yo creo por ser arquitecto, no es a lo comercial. No es solo sacar una foto, es verlo desde el lado artístico, desde niño me gustaba mucho dibujar, pintaba al óleo”, confesó a Síntesis.

Sin embargo, no siempre lo fotografiado desde las alturas es algo que de orgullo pues se ha topado con tomas en las que se aprecian descargas de aguas negras sobre la bahía de Santa Lucía, algunos otros acumulados con montones de basura.

“Algunas veces se ven las descargas, se ve oscuro, lo más indicativo es cuando la arena está negra”, lamentó.

Su sueño: de redes a una página de arte

Para Jorge Eduardo sus sueños siguen caminando y no solo quedar plasmado en las páginas de AcaDron.

Buscará en un futuro crear una página artística, en la que estén sus fotografías a la venta y desde cualquier parte del mundo puedan tener acceso a ellas, a modo que estén en cuadros en cualquier casa, departamento u oficina.

“Cada día las fotos las voy puliendo, estoy tratando de madurar la venta de cuadros. Me doy cuenta cuales gustan más y quiero presentar cosas más artísticas. Las que más gustan son los atardeceres, y las que se toman completamente desde arriba”, cocluyó.

Por: Laura Reyes

 

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